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domingo, 8 de febrero de 2026

Transporte al baste, acemilas, arrieros y caminos de herradura.

Traginer en St. Quirze de Besora.


     

 
   El baste o transporte a lomo de animal es la modalidad de transporte terrestre más primitiva y quizás la que más tiempo ha sobrevivido, siendo el más universal transporte sobre la Tierra.

Desde las caravanas de Oriente a las recuas de llamas en los Andes, pasando por nuestros arrieros y traginers.

Aunque no se trate de un tiro, no lo podíamos omitir en nuestro apartado de la tracción y el tiro.

En países con orografía complicada como el nuestro, no siempre ha sido fácil trazar una ruta y menos aún que esta sea apta para el tráfico rodado, de ahí que en muchas poblaciones el camino de herradura haya sido el único acceso con que hayan contado hasta bien entrado el siglo XX.

Sin ir más lejos, hasta que la Diputación obligó al cierre del bar de la Mola en Matadepera, todas las mercancías accedían desde la carretera hasta el monasterio en la cima de la Mola a lomos de asnos, así como con estos se retiraban los desperdicios generados.

El transporte al por mayor siempre ha sido marítimo, desde los gaulos fenicios hasta los modernos portacontenedores; sin embargo, para la distribución y el acceso desde los puertos hasta su destino o desde los puntos de extracción o cultivo de productos hasta las embarcaciones, se debía recurrir al transporte terrestre.



El transporte a lomo de animal nació con la domesticación de los mismos. Antes de que algún jinete galopara velozmente sobre ellos, un campesino o un recolector lo cargaría de alimentos desde el punto de extracción hasta el poblado donde se consumirían estos bienes.

Incluso en algunas sociedades como la japonesa, la población solo podía usar los caballos para el transporte y las tareas agrícolas, teniendo prohibido montar en ellos; esta actividad solo estaba permitida a la nobleza.

En la antigua Roma, el transporte terrestre se realizaba mayoritariamente a lomos de caballería, a pesar de tener los carrus y una extensa red de carreteras.

En España, país muy montañoso, hasta finales del siglo XIX no existió una extensa red de carreteras y caminos vecinales aptos para el tráfico rodado; mayoritariamente, los caminos eran de herradura. Esta situación se repetía en Catalunya; en nuestra anterior entrada, ya vimos cómo la ciudad de Berga no contó con una carretera hasta 1864.

Arrieros o traginers.

A los artífices de esta modalidad de transporte se les denominaba arrieros; en catalán"traginers", la palabra arrieros  corresponde a la voz arre o arri que con frecuencia lanzan para arrear a las mulas.

Este oficio requería pericia e inteligencia, conocer los senderos y los animales de carga, además de ser habilidosos distribuyendo la carga en las alforjas, ya que una mala estiba podía echar a perder la mercancía o incluso lastimar al animal.

Asnos, mulas y otras bestias de carga.

Asnos y mulas fueron fundamentales en el transporte al baste; en otras sociedades, esta labor la desempeñaban camellos, llamas e incluso elefantes.

En la nuestra,  mulas y asnos  como el zamorano  y el catalán fueron protagonistas de este transporte.  Animales inteligentes y más sufridos que el caballo han desempeñado esta tarea abasteciendo poblaciones hasta casi nuestros días.

Con un simple burro se podía acarrear leña, carbón, cal o yeso, hortalizas y otros géneros propios o ajenos. El asno y, posteriormente, la mula, aventajan al caballo en el transporte y las labores del campo. Su mejor rendimiento es fruto de su mayor resistencia en todos los sentidos: alimentación, cuidados y resistencia a la fatiga. Otras cualidades del caballo, como la velocidad, no eran necesarias para el transporte o las tareas agrarias.

Pintura de J. Cusaachs

Por su parte, la mula reúne las cualidades de fortaleza del caballo e inteligencia y resistencia del asno, siendo durante muchos siglos el animal preferido para el transporte.

Al ser un híbrido entre yegua y asno, la mula requería de ambos para su gestación; así existían grandes yeguadas especializadas en la cría de muletos.

La carga que puede transportar en su lomo un asno, dependiendo de la raza y tamaño, está entre 45 y 90 kg y en una mula entre 90 y 150 kg, si bien en algún manual militar del siglo XIX se indicaba 180 kg, refiriéndose a la carga de piezas de artillería como las que pueden verse en el grabado.



Otros animales como los camellos pueden llegar a transportar hasta 300 kg.

No obstante, para que un animal pueda transportar un máximo de carga, es preciso que se disponga de un buen arnés para que la carga se distribuya correctamente sobre el lomo del animal y le evite lesiones; por otra parte, es imprescindible que la carga esté bien equilibrada y distribuida, de otro modo se obligaría al animal a hacer sobresfuerzos que sin duda lo dañarían.

Alforjas, albardas, seras, serones y aguaderas.

Campesinas vizcaínas traginando su mercancía al mercado en elaboradas seras de mimbre.

Los arrieros disponían de diferentes aparejos y arreos según la mercancía que llevaran. Años de experiencia en el transporte generaron multitud de aparejos y arreos adaptados a los animales y a las cargas a llevar. Estos reciben multitud de nombres dependiendo de la región, la carga, los materiales de construcción y su utilidad; así albarda, serón, aguaderas, angarillas e infinidad de otros nombres definen estos arneses confeccionados normalmente de esparto y partes auxiliares de paja, madera o cuero. Si eran objetos o materiales delicados como cerámica o cristal, se depositaban cuidadosamente en angarillas. Las cajas, fardos, sacas y costales se ataban ordenadamente, haciendo de contrapeso unos con otros en equilibrada carga.

Transporte de agua con albarda o aguadera, en Miravet 1920, foto de M. Gausachs.
Caminos de herradura.

Son sendas solo aptas para el paso a pie o con montura, no admitiendo carruajes u otros vehículos rodados, a causa de su estrechez o sus pendientes.

Aunque el transporte al baste puede realizarse en cualquier ruta, es en las vías de montaña donde es imprescindible y adquiere su sentido real.

Un carruaje tirado por un solo jumento podía desplazar la carga de mas de cinco animales al baste, pero como ya hemos indicado antes, la construcción de una carretera apta para vehículos rodados, no siempre era posible y los caminos en muchas ocasiones eran angostos y empinados, así son la mayoría de sendas de herradura, pero incluso en ellos, existían categorías siendo los principales, aptos para el cruce de dos animales; e incluyendo revestimientos de piedra e incluso puentes y alguna obra de fábrica.

Hoy aún subsisten muchos de ellos, que, a pesar de haber perdido su utilidad básica, han pasado a ser vías excursionistas.

Senda de herradura a Núria en 1918. Foto de J. Salvany.

jueves, 24 de agosto de 2023

La Ceretana, Sociedad de Diligencias.

 


 

 

 

Hace unos días, nuestro amigo Miquel nos envió la fotografía de la llegada de unos carruajes al hostal de la Molina a principios del siglo XX.

El documento procedente de "Cerdanya records S.XX", indicaba que se trataba de la llegada de la diligencia de  «La Ceretana» al hostal de la Molina tras atravesar la collada de Tosas.

Al intentar ampliar la información a nuestro amigo, nos dimos cuenta de que no disponíamos de ella, por lo tanto, era un buen motivo para documentarnos sobre las diligencias de  «La Ceretana» .

Plano del partido judicial de Puigcerdà, que incluía el trazado de Ripoll a la capital

La Cerdanya y sus comunicaciones en el siglo XIX.

La Cerdanya es parte de una gran comarca catalana que fue dividida entre España y Francia tras el tratado de los Pirineos. Por ello, sus comunicaciones naturales están en la vertiente francesa, en la Catalunya francesa o departamento de los Pirineos orientales.  Otra vía de comunicación era el camino a la Seu de Urgell siguiendo la cuenca del Segre.  Finalmente, quedaban las rutas pirenaicas que, atravesando la collada, llegaban a Ribas de Freser y Ripoll. Esta última, hasta mediados del XIX, era una vía de herradura solo apta para transporte al baste, es decir, mediante alforjas a lomos de mulas, asnos y caballos.

Fragmento del mapa del corregimiento de la Cerdaña, sXVIII

Con la división provincial española de 1833, la Cerdanya, pasó a depender administrativamente de Girona, sin embargo, las comunicaciones entre la Cerdanya y la capital de provincia, podríamos decir que eran sumamente precarias. Paralelamente, el mismo año se crea la Dirección de Caminos; que con la ley de Carreteras de 1851 clasifica estas en: generales, transversales, provinciales y locales, más tarde según la ley de 1857 pasan a ser de primer, segundo, tercer y cuarto orden; siendo la carretera de Barcelona a Ribas por Granollers (Barcelona) y Vic de segundo orden y la de Ribas a Puigcerdà con ramales a Llívia y a Bourg-Madame, de tercer orden.

La carretera llegaría a Ribas en 1875, y a la collada de Tosas en 1880, donde por motivos de defensa, quedaría paralizada hasta 1901, año en que se reanudaría la construcción.

Un interesante artículo publicado en EL DILUVIO el 12 de junio de 1882, es decir, 3 días antes de la entrada en servicio de  «La Ceretana», nos muestra como era el transporte antes de la llegada de este medio:

UN VIAJE A LA CERDAÑA.

... Aun en estos últimos tiempos, un viaje a la Cerdaña desde Barcelona por territorio español, exigía grandes sacrificios y un valor a toda prueba. Este viaje se hacía en ferrocarril basta Granollers, de Granollers a Vic recorrían los viajeros el trayecto hacinados en una desvencijada diligencia y de Vic a Ripoll, donde se pernoctaba, en una mala tartana. A la mañana siguiente el Viajero se encaramaba sobre el lomo de un mulo y en esta cómoda posición recorría las diez leguas que median de Ripoll a Puigcerdà por veredas casi intransitables, suspendido sobre precipicios, abrasado por los rayos del sol en las hondonadas y calado hasta el tuétano por los frecuentes chaparrones propios de la cordillera pirenaica, y llegaba por la noche, si todo había ido bien, a la última de aquellas poblaciones fatigado, molido y descoyuntado, es decir, verdaderamente enfermo.

Este artículo, que hoy denominaríamos publirreportaje, nos muestra las excelencias de la Cerdaña como lugar de estiaje y las bondades de los nuevos medios de locomoción en contraste con los del pasado.


La carretera de Ribas a Puigcerdà y el camino de La Molina a la collada de Tosas.

Un grupo de inversores liderado por Félix Macía Bonaplata creó una sociedad para la construcción de un camino particular, que permitiría la continuidad de la carretera de Ribas a la collada de Tosas.

Posiblemente, hoy sería un caso flagrante de tráfico de influencias y uso de información privilegiada. La sociedad creada por un grupo de inversores ceretanos y barceloneses, liderados por Félix Macía, adquirió varias fincas de montaña en la collada de Tosas, y por ellas trazaron un camino carretero.

De esta forma, con solo un tramo de cinco kilómetros entre la Molina y la collada, podían aprovechar en su beneficio el tramo construido por el Estado desde Ribas de Freser hasta la collada de Tosas, estableciendo un punto de peaje que grabaría el tramo de su propiedad, además al estar en un terreno propio, la sociedad, podía establecer sus propias tarifas, sin tener que acogerse a las estatales, más económicas.

Una serie de cartas al director publicadas en La Publicidad con el epígrafe: TRAVESURAS DE UN DIPUTADO ECONÓMICO. Nos ilustran al respecto:

La Publicidad, Barcelona, 21 de julio de 1882

Felíx Macía
... Yo no sé, si los lectores de LA PUBLICIDAD y el público en general, sabrán que hace años que esta pobre comarca ceretana se halla desamparada de todos los gobiernos, sin duda para que tengamos ocasión de observar desde estas fronteras cómo se administra en Francia y cómo se administra en España. Con grandes dolores y no pocos esfuerzos, consiguióse la carretera hasta Ribas y después, mal que bien, hasta el Collado de Tosas. Por fin lució el día de la felicidad, porque tenemos un diputado a Cortes que se prestó a hacernos dichosos, y con ayuda de algunas personas de buena fe, se ideó el camino-carretero que desde la collada de Tosas llega a la Molina, cosa que siempre es de agradecer, y lo sería aún más, si no se hubiera visto que el susodicho diputado protector del país, hacía como los administradores de ciertos santos: dos para él y para el santo uno.

La carretera figuró, pues en el programa electoral del diputado económico, un poco saltarín en materias políticas, don Félix Maciá y Bonaplata, y no hubo más que hablar. El señor Maciá fue el protector nato de ese risueño cuanto desgraciado país. Entre los accionistas hay personas que realmente hicieron sacrificios por el interés de la comarca, pero parece que también hay en la sociedad algún cacique antiguo y desmontado, que trata de aprovecharse de la construcción de la carretera, mucho más de lo que permiten aquellas obras inspiradas por el patriotismo.

Como era natural, la carretera debía pagarse y era justo que volvieran al bolsillo de los accionistas las cantidades anticipadas. Se estableció para ello un portazgo, gracias a la influencia del diputado económico, y en él se han cobrado sumas no despreciables, en concepto de peaje.  (...)  El diputado en cuestión, dícese, cree sin duda que su carretera basta, y como esta le reditúa pingües ganancias, hasta el punto de haber devuelto ya una buena parte del capital y de disponerse a construir edificios, que prueban el buen estado del negocio, no le preocupa que todo el comercio y la industria de la Cerdaña, tenga que pagarle eternamente vasallaje; con lo que queda constituido dicho diputado económico, en señor feudal que cobra derecho de peaje a toda una comarca, utilizando, mediante la construcción de unos pocos kilómetros de camino la carretera general de Barcelona a. Puigcerdà.

¿No ven ustedes esta historia, similitud a alguna más reciente, es decir, las facilidades de alguna administración hacia un determinado túnel y las dificultades para que otro túnel en la misma collada pudiera llegar a su realización, que aún hoy ni está presupuestada?


LA CERETANA

Pero volvamos a nuestra historia de diligencias. 

Con la carretera ya disponible para el transporte desde el Ripollès a la Cerdaña, la compañía escrituró en 1882 una nueva sociedad: LA CERETANA.

En la Gaceta de Madrid de 23 de abril de 1882, se publicó la escritura constitutiva de la sociedad, en la que se afirmaba:  … Que a fin de establecer una comunicación regular y cómoda entre la villa de Puigcerdà, sus pueblos comarcanos y la de Ripoll, en combinación o no con el ferro-carril que desde esta última villa conduce a la presente ciudad, con objeto de utilizar las ventajas del mismo, así como las de la carretera nuevamente construida hasta la Cerdaña, creen conveniente plantear un servicio de diligencias, y como medio más fácil e indicado de realizarlo la constitución de una Sociedad anónima; por lo cual de su espontánea voluntad declaran, convienen y pactan lo siguiente:

1.° Los otorgantes, con arreglo a las prescripciones del Código de Comercio y ley de 19 de octubre de 1869, forman y en virtud del presente instrumento constituyen una Sociedad anónima con domicilio en la villa de Puigcerdà, la cual se denominará  «La Ceretana» , Sociedad de diligencias.

La Compañía tendrá por objeto lo que se expresará en el art. 3º de los estatutos que luego se insertarán. (...)

ESTATUTOS : TÍTULO PRIMERO. 

Denominación, domicilio, objeto y duración de la Compañía.

Artículo 1.° Se constituye una Compañía anónima, con arreglo a las disposiciones del Código de Comercio y ley de 19 de octubre de 1869, que se denominará  «La Ceretana», Sociedad de diligencias.

Art. 2.° La Compañía tendrá su domicilio legal en la villa de Puigcerdá.

Art. 3.° El objeto de la Compañía será:

1º. El establecimiento de un servicio público de diligencias para el trasporte de viajeros, equipajes y encargos entre la villa de Puigcerdà y la de Ripoll y viceversa, con servicio al propio tiempo de carros u otros vehículos para el trasporte de equipajes y encargos entre los mismos puntos, si las necesidades del tráfico lo requirieren a juicio del Consejo de administración. 

La compañía también acarreaba mercancías a la Cerdaña.
 2º El establecimiento de servicios particulares o públicos de la clase de carruajes que se creyere más conveniente entre Cerdaña, Ripoll y pueblos del tránsito; y entre los diferentes puntos de toda la Cerdaña entre sí, siempre que el mismo Consejo creyere conveniente su planteamiento.

Art. 4.° La duración de la Compañía será por el término de 10 años, sin perjuicio de los ulteriores acuerdos que acerca de dicha duración pudieran tomarse con arreglo a los artículos 28 y 46. (...)

Habría que indicar, que el Señor Félix Macía era socio y uno de los impulsores del Ferrocarril de Granollers a las minas de San Juan de las Abadesas. Además, la sociedad se creó al poco de haber llegado dicho ferrocarril a Ripoll, con lo que se garantizaba una buena conexión a los viajeros con destino a Puigcerdà.

El F.C. de las minas de san Juan de las Abadesas a su paso por Ripoll.
 Volviendo a “UN VIAJE A LA CERDAÑA.”, veremos los elogiosos comentarios hacia el nuevo transporte:

... Hoy felizmente la cosa ha cambiado; hoy se hace aquel viaje con rapidez, economía y comodidad. ... el tren lleva el viajero a Ripoll y allí le reciben las diligencias de la compañía «La Ceretana» que en poco más de seis horas le transportan a Puigcerdà, a donde halla fondas y paradas de más o menos importancia, como son la de la Plaza, la de Aígua-beneita, la de Tixaire, la de la Pascuala, y tal vez alguna otra que no conocemos, todas ellas proporcionalmente bien servidas. (…) El viaje, como hemos indicado, es hoy cómodo, rápido y económico: Es cómodo porque la empresa «"la Ceretana"», no es una empresa de explotación de un negocio, sino una derivación de la misma sociedad propietaria del trozo de carretera Puigcerdà al puerto; que, no contenta con haber dotado al país de aquella importantísima mejora, ha querido proporcionar al viajero todas las posibles comodidades; así es que sus coches son holgados cómodos y perfectamente acondicionados, arrastrados por magníficos tiros de potencia sobrada, y estos dirigidos por conductores, atentos y amables; la administración está en manos de personas aptas, probas y cuidadosas y bajo la atenta inspección de dos o tres de los más inteligentes y celosos miembros de aquella sociedad, los cuales no reparan en sacrificios ni rehuyen molestias para estar a todas horas a la altura de todo cuanto ocurra así en la administración como en los viajes. El viaje es rápido, porque el viajero que sale a las 5 de la mañana de Barcelona llega a Puigcerdà a las 6 de la tarde sin precipitaciones ni molestias desusadas.

Y es, además, económico como lo indican los siguientes precios de pasaje.  De Barcelona a Ripoll, vagón de 1ª 53'60 rs; de 2ª 40'20; de 3ª 25, y de Ripoll a Puigcerdà, en diligencia, 50 rs en la berlina; 40 en el interior y 21 en la imperial

¡Como pueden, ver el colmo de la perfección!

Dos días después, "La Publicidad", nos presenta los nuevos carruajes de  «La Ceretana»:

La Publicidad, Barcelona, 14 junio 1882  ***Uno de estos últimos días, vimos uno de los coches diligencias adquiridos por la compañía «La Ceretana», los cuales deben prestar el servicio desde Ripoll a Puigcerdà. Parecen ligeros, son relativamente de escasa cabida y su aspecto es sencillo, pero agradable.

LA CERETANA Y SU COMPETENCIA.

Los paisajes idílicos, también tienen sus tormentas. Como ya hemos avanzado, al tratarse de un camino particular de peaje, se prestaba a la arbitrariedad por parte de sus administradores, así volviendo a las "TRAVESURAS DE UN DIPUTADO ECONÓMICO", veremos que la sociedad, intentaba crear un monopolio del transporte a través de la Collada:

... Fundóse en efecto la sociedad con accidentes varios y divertidos, y para hacer mejor la jugada, quedó de Presidente de la carretera, el señor don Félix, y de Presidente de la sociedad de coches, don Rafael de Pons, antiguo cacique reaccionario del país. Al momento se tocaron las consecuencias de lo beneficioso que iba a ser para aquel la sociedad de coches unida a la de la carretera; pues hay que advertir, para conocimiento del curioso lector, que con ligeras variantes son los mismos accionistas.

Y hétenos aquí a Periquillo hecho fraile. Dueños del punto intermedio entre la Collada de Tosas y la Molina, se han decidido a explotar de un modo inexplicable toda la industria de trasportes del país. Si el señor Maciá no quiere, no puede ir un carro de Ripoll a esta villa. 

Punto del peaje en la Collada de Tosas.
Él exige su peaje en la forma que estima conveniente y ahora, con la compañía de que es presidente real, aunque oculto, tiene en su mano la suerte de todas las compañías que se establezcan para recorrer dicho trayecto. De manera que la compañía de coches del señor Macía no puede sufrir competencia, y no la puede sufrir, porque al paso que exige grandes derechos de pasaje a los demás vehículos, su compañía o no los paga, o los paga mucho menores. Así nos hemos quedado sin la competencia de una sociedad francesa próxima a organizarse, sin una compañía de Berga que estaba dispuesta a hacer esta carrera y sin la multitud de coches particulares que han de rendir, también vasallaje en los términos que el señor Macía guste, a la compañía de sus coches. Y lo más raro del caso es, que las condiciones que impone si no fueran odiosas serían extravagantes. Varía los precios a su antojo según de quién se trata, y por consiguiente, tiene en su mano todos los transportes del país a los que graba en la forma que le place. Y como es claro que un hombre no puede ser universal, el señor Maciá que ha sido un ferro-carrilero desdichado, es también un calesero mediano y sucede que no guía los carruajes con la perfección que lo hace el señor Vilar, conocido por Pere Metus, que ha encanecido en el oficio; y un día los caballos se le alborotan y llegan a punto de echar a un derrumbadero a los coches, pintaditos y todo, y luego por más que arrea, los coches de Vilar sin esfuerzo alguno llegan dos horas antes que los suyos a Puigcerdà, y el diputado económico se enfada y por medio de su lugarteniente el señor don Rafael de Pons, manda que se eche la cadena al llegar a la Molina los coches de Vilar, para que no se vuelva a repetir el desaguisado de que los coches del señor Vilar pasen delante de los de la compañía parlamentaria...

Es triste ver estos abusos que se producían y de los que gracias a las hemerotecas podemos hoy constatar.

Coche de diligencia de Bonshoms Suñer que hacía el trayecto de Ripoll a Puigcerdà.

No hemos profundizado más en el tema, pero podemos constatar que a pesar de que en 1897 se eliminaron las restricciones para la continuidad de la carretera estatal, las obras no se reanudaron hasta 1901, finalizándose en 1916, sin embargo, no pudo abrirse la nueva carretera por presiones efectuadas por los concesionarios del portazgo:

Los concesionarios, a través del entonces Diputado a Cortes D. Eusebi Bertrand Serra, a toda prisa emprendieron acciones encaminadas a que se revocara la autorización indicada, como se revocó, según "El Gall de Ripoll" de 25 de marzo de 1916.

Finalmente, el 16 de mayo de 1916 se abrió definitivamente la carretera estatal, por lo que hemos de creer que a partir de esta fecha desaparecería el monopolio del transporte en aquella comarca, de todas maneras, el peaje había tenido una duración de 34 años es decir mucho más de los 10 años indicados en los estatutos de constitución de «La Ceretana».

Epílogo. Llegada del Ferrocarril a Puigcerdà.

Poco tiempo después, el 3 de octubre de 1922, llegaba el Ferrocarril a Puigcerdà, desapareciendo la tradicional incomunicación a través de la Collada de Tosas.

No hemos encontrado aún la fecha en que «La Ceretana» desapareció o fue absorbida por otras compañías, pero su función original finiquitó al llegar el ferrocarril a Puigcerdà.

miércoles, 5 de octubre de 2022

DE CAMI RAL A COUNTRY ROAD

 


C
amí ral que em duràs al país i a l'amor
...

clara terra aspra terra al país d'on jo sóc.

Falsterbo3 1976

Cuando era joven, en el vagón de cola del correo de Puigcerdà, con una parroquia de esquiadores, escaladores, excursionistas y escoltes, siempre alguien con una guitarra tocaba canciones y aquellos variopintos viajeros seguíamos la canción.

Éramos jóvenes, algunos muy jóvenes y el futuro estaba lejos y lleno de ilusiones.

La música Folk estaba en apogeo, muchos cantantes además de sus propias canciones hacían sus versiones de canciones yankees, inglesas o francesas. Una de ellas, Camí Ral, la versionó Falsterbo3 partiendo de la canción Country roads de John Denver...

Hoy, casi cincuenta años después, otro Camí Ral se abre al paso de caminantes.

El CAMI RAL DE BARCELONA A VALENCIA POR VILAFRANCA.

La decadencia del Imperio romano, supuso también  el de las grandes redes de comunicaciones terrestres y marítimas.

La fragmentación del Imperio creó múltiples trabas al comercio, el cese de importaciones de productos como el papiro, entre otras, tendría una importancia capital en el declive de su cultura.

Por otro lado, la inexistencia de un poder fuerte dificultó en gran manera el mantenimiento de las grandes infraestructuras que había generado el Imperio, entre ellas las calzadas romanas.

Las calzadas romanas seguían trazados naturales, aquí los creados por las antiguas culturas ibéricas, como nos indicaba Pedro García Faria en sus escritos. Entre estos caminos, la Vía Hercúlea o Augusta era uno de sus ejes principales de comunicación.


Tabula Peutingeriana recreación de fragmento desaparecido: Iberia



En la baja Edad Media, las necesidades de comunicación habían variado, el transporte y el comercio se realizaban básicamente por vía marítima y los caminos se restringían al trasiego de excedentes agrícolas, siendo el medio más habitual el transporte a baste (recuas de asnos, caballos o mulas con alforjas).

En el siglo XIV la confederación Catalano-Aragonesa disponía de una red de caminos compuesta por una gran variedad de vías y senderos. Hoy podemos clasificarlos según la titularidad de quien los mantenía en: públicos o reales (rals) que eran las vías a cargo de la corona a quien recaía la protección de personas y bienes que por ellas circulasen. El mantenimiento de los caminos y su vigilancia se financiaban mediante numerosos impuestos de paso.

Otras vías de titularidad privada eran los caminos señoriales, vías de peaje conservadas por señores o propietarios.

Los caminos variaban según la configuración geográfica, en las zonas montañosas eran de herradura, solo aptos para el transporte a baste, su anchura era de alrededor de 4 pies (aproximadamente 1,1m), en caminos muy angostos, se creaban tramos más amplios para permitir el cruce de las recuas. El suelo de estos caminos era de tierra pisada, excepto en pendientes y escarpaduras donde se empedraba con lascas a fin de evitar que el agua erosionara el camino.

En zonas más llanas, las carreras o caminos de carro, eran vías aptas para carruajes, con mucha mayor anchura aproximadamente 16 pies (4,5m) y suelo de tierra pisada sin empedrar, lo que en épocas lluviosas dificultaba el paso al convertirse en lodazales.

En terrenos calcáreos, las ruedas de los carros erosionaban la roca en forma de roderas, hoy fácilmente identificables.


EL CAMI RAL POR EL COLL DE BEGUES

Los primeros mapas en que hemos podido distinguir estas vías son del siglo XVIII, en el mapa de la corregiduría de Vilafranca datado en 1716 y en el mapa de Catalunya de Josep Aparici de 1720 aparecen claramente el camino real que partiendo de Sant Boi de Llobregat, discurre por las poblaciones de Sant Climent, Begues, Olesa de Bonesvalls, Les Gunyoles, Sant Cugat de Sesgarrigues y Vilafranca.

Fragmento del mapa de J.Aparici con el cami ral remarcado en rojo.

Las comunicaciones con Barcelona estaban condicionadas por el cruce del río Llobregat. El primer puente que lo cruzaba hasta la construcción del de Molins de Rei en 1767 estaba en Martorell, con lo que el cruce del río se hacía mediante barcas. 



Había pasos de barca en El Prat, Sant Boi, Sant Vicenç dels Horts y Sant Andreu de la Barca.

En nuestro caso, era el paso de barca de Sant Boi el que daba continuidad al camino.



Hasta la construcción del puente de Molins de Rei, la vía del collado de Begues era la más directa para ir a Vilafranca, y posiblemente la más segura, ya que en la ruta de la costa del Garraf o en el Ordal proliferaban las partidas de Bandoleros.

En su libro "Bandols i Bandolers al Baix Llobregat", Jaume Codina, documenta la situación del bandolerismo en las zonas del Garraf y el Ordal donde bandoleros como El Barquer, el Nebot del Pai, el Estaraugues Negre o el Renegat residentes en las poblaciones de Sant Boi, Sant Climent, Molins y Begues en el siglo XVI asaltaban a los viajeros desde los caminos de las costas del Garraf hasta los del Ordal.

En el camino de Vilafranca por el Coll de Begues, el Hospital de Cervelló presentaba un recinto amurallado con capacidad de acoger y proteger a los viajeros de estos malhechores, ya que por aquel entonces Begues era apenas un conjunto de masías alejadas entre sí y todo el camino estaba muy despoblado.


EL HOSPITAL DE CERVELLO, CENTRO DE ACOGIDA

El Hospital de Cervelló, construido en la segunda mitad del siglo XIII, tenía como principal misión, el acogimiento y hospedaje de los viajeros y la atención de estos en caso de enfermedad o accidente; el flujo de viajeros atendidos en él era de alrededor de 400 al mes. A su cargo había la figura del "hospitaler" que dirigía esta institución y los campos colindantes.

Fundado por Guillem de Cervelló, pasó a depender primero de Sant Pau del Camp y más adelante del obispado de Barcelona.

Prestó servicio como tal hasta principios del siglo XX, aunque la figura del "hospitaler" se mantuvo hasta principios del XXI, aunque entonces ya no se prestaba servicio de acogida. 

Cami ral marcado sobre los planos de municipios de 1914.
DE CAMI RAL A COUNTRY ROAD

En el siglo XVIII y tras la guerra de sucesión, los nuevos gobiernos inician una mejora en las comunicaciones con la construcción de nuevos puentes, como el de Molins de Rei y el viaducto del Lledoner, que trasladaron la ruta principal del collado de Begues al puerto del Ordal, ello supuso la decadencia del camí Ral, posteriormente a mediados del siglo XIX se estableció la ley de caminos vecinales, que promovió la comunicación de las poblaciones con la carretera o vía férrea más próxima. 

Así, Olesa pasó a conectarse con la carretera del Ordal en Avinyonet; y Begues con la estación de Gavá por Bruguers, quedando el camino de Begues a St. Climent en desuso.

El camí ral mantuvo su uso como vía local entre Olesa y Begues hasta la apertura en 1927 de la carretera entre ambas poblaciones, una carretera comarcal, en inglés country road.

UN NUEVO CAMI RAL

Esta carretera en algunos tramos pasa sobre el antiguo trazado del camí ral, pero la acción de un grupo de entusiastas de Begues, Olesa y otras poblaciones, ha culminado con la restauración del camino para caminantes y excursionistas que podrán gozar de unas jornadas de andadura por las tierras interiores del Garraf.


Country roads, take me home to the place I belong.

West Virginia, mountain momma, take me home, country roads."

John Denver 1971




domingo, 31 de mayo de 2020

Vías de comunicación de la Península Ibérica en la prehistória


  


 Hace algunos días glosábamos la figura de Pedro García Faria como uno de los grandes impulsores del higienismo moderno en nuestro país.
Este gran Ingeniero fue persona de gran complejidad y con múltiples intereses.
Desde hace años guardábamos un artículo publicado por la Revista de Obras Publicas en 1917.
Formaba parte de un largo texto publicado entre  4 números consecutivos, era un estudio sobre el origen del transporte y las vías de comunicación en la Península Ibérica.
Dada la gran extensión del documento hemos procedido a publicar las partes más destacadas referentes a la historia del transporte, omitiendo algunas partes introductorias y complementarias.
Recomendamos su lectura en el documento original, que pueden encontrar en:

Por
Don PEDRO GARCÍA FARIA
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.
 (...)
VÍAS DE Comunicación EN LA ÉPOCA PALEOLÍTICA

  El ser humano estacionó en Gibraltar y marcharía en demanda de regiones más frescas y agradables. siguiendo la corriente emigratoria a que obedecen los seres semovientes y de que dan idea las anuales excursiones de las golondrinas y otras aves, que vuelven a las regiones del Norte a buscar su morada del año anterior, en cuanto a ello les incitan los primeros rayos de la primavera, haría sus marchas mediante el pedestrismo, por ser de ambulación el único medio locomotivo de que podía dis­poner y que se desarrollaba en las vías naturales que para ello se le ofrecían, y que eran y aún son principalmente, los cauces y divisorias (...), un sistema vehicular de la civilización, gracias al que el hombre pudo expansionarse por todas las comarcas de la prehispania.
Los hombres al avanzar lo hacían lenta y sucesivamente, influyendo en ello, entre otras causas, las climatológicas genera­les y las de cambio de estaciones, así como la necesidad de variar de emplazamiento cuando se alteraban las condiciones vitales del que había disfrutado y resultar allí insuficientes los medios para la subsistencia; (...)
En sus excursiones seguirían los bordes de los cauces alejándose de las zonas pantanosas o de las que por cualquier motivo a entrañara algún peligro para la expedición. En cambio, al instalarse, lo harían muy próximos a alguna laguna (como las actuales de Bañolas y de la Janda, la extinguida de Torralba, etc.), o junto a algún río (como en San Isidro, Madrid; Capellades, etc.), o cerca del mar, como en Lisboa. (...)
 El hombre cuaternario dejó comenzado con su labor secular el  surco de la civilización neolítica. Los hombres postcuaternarios procederían de igual modo como lo hacen en nuestros días los que se inician ya en el comienzo de la civilización y de la ganadería.  (...)
De esta suerte crearon aquellos hombres al terminar el largo periodo cuaternario y al comenzar el neolítico los primeros ca­minos propiamente dichos, con sólo llevar las reses más mansas por la misma ruta, originando esas curiosas vías que aún subsis­ten en nuestros días con los nombres de calladas, galianas, cami­nos de ganado, etc., (...)
Siempre han existido a la vez en el mundo varios estados de civilización, en prueba de lo cual hoy mismo se conocen en el globo pueblos distintos que están en el periodo semisalvaje o prechelense, y desde tal estado al nuestro podrían señalarse todos los tránsitos de que nos ocupamos y aún algunos que por nuestra deficiencia desconocemos.
En esas sus excursiones, el hombre, sin duda alguna se familiarizó con su amigo más fiel, el perro, pues si bien no está pro­bada la domesticación de los animales hasta la era siguiente, o neolítica, Dechelette (obra citada, tomo 1, pág. 337) nos habla ya en este periodo de una especia más definida entre el lobo y el pe­rro, y al tratar de los primeros palafitos como de civilización neolítica, pero contemporánea, con algunas tribus en estado postcuaternario, dice que el perro de los palafitos sería un, intermedio entre el perro corriente y los perros de guarda del ganado, especie de mastines de una fiereza extraordinaria que defienden las reses contra los lobos y otras fieras temibles.




PERIODO Neolítico o DE LA EDAD DE LA PIEDRA PULIDA

Asegura Siret en su notable cronología, que en la época cuaternaria de la Iberia no fue desconocida la domesticación de los de los animales, que implica el principio del pastoreo, la ganadería y la transhumación.     
 A la decadencia de las artes cuaternarias atribuida por Decheletle a la evolución de creencias religiosas de la humanidad que entrañó la debilitación de las prácticas totémicas, y por Siret (Questions de Cronologie et etnographie iberiques, tomo II, pág.5), a las condiciones climatológicas entonces reinantes qué impedían el desarrollo de las aptitudes, sucedió una nueva era, la edad neolítica o de la piedra pulida, era de las grandes revoluciones y transformaciones, entre las cuales sobresalen por su colosal importancia la implantación de las prácticas agrícolas, la domesticación de los animales (figurando desde estos tiempos, y aún de antes, "el perro, que ya no dejó de ser el inseparable compañero del hombre), la creación en los transportes de la circulación rodada y el tratamiento de los metales. Al pueblo pastor sucedió el agricultor como aquél al cazador (...)     ­
Al dedicarse  el hombre a las labores agrícolas, se dulcificó su carácter, adquirió mayor apego a la vida y a la familia  y al lugar en que nació.

La circunstancia de ser semovientes los ganados facilitaba su transporte desde unos puntos a otros; con la sola repetición de este hecho quedaron surcados primero los  senderos y después los caminos. Esto sucedía ya en pequeño dentro de la zona habitual donde pastaban, pero ocurría de igual modo de una zona a otra, para mejorar los pastos, así como al ir de una a otra comarca por razón de ventas, intercambios, o por causas de índole diversa.

Pero otro hecho notable, la sucesión de las estaciones, vino a agrandar las distancias que los ganados debían recorrer, pues sa­bido es que las comarcas más a propósito para la ganadería, que son las sierras Pirenaicas, Cantábrica, de Gredos, Gata, la Estrella etc., durante el rigor del invierno, están bajo influencias meteorológicas y ricas tales, que es imposible en ellas la , permanencia de los ganados, y por esto el hombre, imitando a los  animales emigrantes, fue a invernar con sus ganados a climas  bonancibles y regiones más templadas, originándose de ahí la transhumación que creó las primeras grandes vías de comunicación, que además de las existentes en la edad de la piedra tallada, constituyeron la red viaria hispana del interior, porque en el litoral a los naturales del país fueles fácil ir mejorando las vías que les daba hechas, con las playas, la bienhechora unión del mar y de la tierra. 
Otras causas generales, étnicas, geográficas y comerciales, se combinaron con lo anteriormente expuesto, y la trashumación de los ganados hasta producir la red viaria que presentamos en el mapa. (...)
Entre otros muchos testimonios de la existencia de la transhumación prerromana, citaremos a Tito Livio (lib. XXI, cap. XVlI), el cual dice que los montes Idubeda (sierra de Teruel) y Orospeda (sierra de Segura) mantenían grandes partidas de ganado que no podían subsistir sin trashumarlos.
La transhumación se efectuaba también en apicultura, las col­menas eran trasladadas a lomo de caballerías en busca de las montañas y comarcas de clima apropiado y de mayor abundan­cia de flor, costumbre que, según Costa, aún subsiste en varias provincias andaluzas.
Estos caminos producidos por el paso de los ganados eran los lógicos y naturales para cada dirección determinada, y tanto es así, que luego, al perfeccionase por razones estratégicas o comerciales, se han superpuesto en su dirección general y aun ma­terial en muchos trayectos, cuando no se observa el curiosísimo fenómeno que acusa la vía romana Lata o de la Plata, que se dirige de Mérida a Salamanca, de ir dicha calzada acompañada y seguida de una cañada, cuya hitación debió ser una piedra que está junto al toro que se halla situado entre Segura y el camino romano, con una inscripción que dice: "Ammiuum", esto es, Ca­mino Real, y otra por bajo es Caparra, sita a igual distancia de la vía, en una roca natural del sitio denominado Dehesa Valver­dejo, cuyas letras son L. I. M. (Paedes, Framontanos, pág. 49).
La mayor parte de los nombres indicadores de las etapas de las antiguas cañadas o caminos de ganados, son designaciones de animales o de objetos con ellos relacionados.
Se realiza aquí el fenómeno general en todos los grandes ca­minos, que por muy perfeccionados que sean se hallan en cierto modo paralelos a vías rodadas y éstas a los caminos de herradura   y a los senderos, porque en realidad Dios, causa de todo lo crea­do, ha dispuesto las líneas generales de las redes viarias desde la más rudimentaria a la más perfecta con la constitución de las cordilleras, valles y talwegs.
Costa, en sus estudios ibéricos, atribuye  a la trashumación de la ganadería las contiendas que durante tantos  siglos dividieron la Iberia entre dos bandos, los partidarios del pastoreo y los defensores del cultivo de las tierras, y tanta importancia asigna a dichas contiendas, que comienza su obra Estudios ibéricos  diciendo que el episodio de mayor interés y más lleno de enseñanzas en la historia económica de nuestra nación es la lucha desesperada y fiera que han venido sosteniendo a través de los tiempos la agri­cultura y la ganadería, que está concluyendo por la muerte de ésta.
(...)Para el señalamiento de los caminos ibéricos, hemos tenido en cuenta:
1º Los tramos existentes de los mismos, algunos de los cua­les han dado nombre a pueblos, cuevas, lugares, como por ejem­plo, sucede con la cueva de la Galiana, junto a Horche (provincia de Guadalajara), cerca de la que subsiste la cañada allí conocida aún con aquel nombre.      
2º Los datos históricos, como ocurre: con la vía hercúlea que siguió Aníbal en su atrevida marcha contra Roma, y de la cual constan las etapas Carthago Nova (Cartagena), Zákinthos (Sa­gunto), Laye (Barcelona), Emporium (Ampurias) y Summo Piri­neo (Portus y Massana); y con los de la campaña de Scipion con­tra Numancia, itinerario descrito con toda minuciosidad por Schuttin (Numantia).
    3º La existencia de los poblados ibéricos revelada por la Historia y comprobada por la Arqueología.
    4º La toponimia o designación de nombres de animales o de hechos u objetos relacionados con la ganadería.  
    5º Los toros de piedra aún existentes, y cuya significación muy discutida ofrece como interpretación más aceptable la dada por Emilio Hubner, al considerarlos como monumentos funerarios indicadores, por tanto, del poblado o tribu que los construyó, aun cuando en varios de ellos se hayan esculpido inscripciones posteriores a la época de la erección, que nada tiene que ver con el carácter de ésta. (Paredes, obra citada, pág. 13).     ­
La ubicación de tales caminos era, en general, más allá que la de las calzadas romanas, no sólo por razón de la defensa y por la conveniencia de separarse de las hondonadas y partes húme­das, sino para unir convenientemente los poblados ibéricos edificados junto a las acrópolis y lugares de fácil defensa.

Características de las vías prerromanas.
Demostrada la existencia de las vías anteriores al año 133, caída de Numancia, que consideramos como la época del comien­zo de la romanización de la Península Ibérica, vamos a ocupar­nos de las condiciones principales de dichas vías.
 En general, las vías de referencia eran simplemente caminos explanados, no obstante en algunos casos se usaron, especialmen­te desde la época cartaginesa, los enlosados, que emplearon los libios antes que los romanos.
Las pendientes eran, en terrenos accidentados, muy fuertes, como se observa aún hoy en muchas cañadas o galianas, y ma­yores todavía que las ya elevadas que luego se admitieron en las calzadas romanas.  ­
La anchura debió ser muy variable, adaptándose a las necesidades que debía servir la vía.
En una palabra, las vías de referencia variaban desde el mísero sendero recorrible sólo por cabalgaduras, montaraces, hasta la cañada romana rudimentaria, tipo que se usaba en vías urba­nas en algunos puntos de los caminos de enlace de estos más frecuentados.
Dan una idea de tales pavimentos las figuras ya examinadas de las vías de Numancia y de Calaceite.
Tito Livio (lib. XXVII, cap. 1) Expresaba que en las vías hispanas había muchas torres colocadas a modo de atalayas en sitios elevados y que servían al mismo tiempo de refugio y defensa con­tra los ladrones.
Cortés, en el Diccionario geográfico e histórico de España antiguo (tomo 1, pág. 244), repite el concepto manifestando que en su tiempo (1838) aun subsistían muchas de estas torres como en la vía de Segobrige (Segorbe) a Turba (Teruel), donde se veían en la cuesta de Ragudo cuatro de ellas en espacio de cuatro leguas, Luego dice que al ponerse en marcha en las guerras púnicas, llevaban los soldados romanos sobre si el trigo para quince días, las armas, una segur, un rallo, una cadena, una soga, una sierra, una cestilla, una hoz, estacas y sus vestidos, con un peso total no menor de 60 libras, y con esa carga llegaban a andar 25.000 pasos en cinco horas si la necesidad lo exigía, hacían marchas de 50 millas diarias.
Tanta importancia daban a los servicios itinerios, que Amia­no (lib. XXIV), refiere que tenían un toque militar especial para aquéllos, y Vegatio proclamaba (lib. XXXVI) que la primera ciencia de un general consistía en tener exacto conocimiento de los caminos que debía recorrer su ejército.

Trazado de la red viaria ibérica. -
(...)Es incontestable que antes de la romanización de España existía la red viaria, siendo de ello pruebas irrecusables la vida civi­lizada de los pueblos y comarcas (plenamente) demostrada por los autores antiguos y modernos), la que es incomprensible sin ca­minos que, cual arterias vitales; permitan que lleguen a aquéllos los productos necesarios para la vida. El paso de los ejércitos numerosos tampoco sin ellos hubiera sido posible, y de estas campañas bélicas se deducen también los puntos de paso de las vías. ­
Tito Livio (28, 1, 16,40 y 33) Y Strabon (3,4 y 9) nos refieren que estaban unidos por una red de carreteras, en época anterior a su romanización, las villas iberas de las que Plo­tomeo enumera.
Son jalones que atestiguan la autenticidad de las vías iberas, los caminos que se sabe fueron utilizados para otras posteriores las estaciones prehistóricas, las poblaciones iberas que estaban enlazadas por dichas vías, la torres, castros, castellares, citanías, etc., los nombres significativos de poblados y lugares las ruinas procedentes de aquellas épocas y los  monumentos megalíticos y los funerarios, pues sabido, es que éstos se disponían cerca de las poblaciones y de las vías, especialmente en los periodos neolítico, del bronce y del hierro, en que tan desarrollado estuvo el culto a los muertos.
 
Conjunto de la red viaria ibera deducida de múltiples datos y antecedentes de poblados, vías, referencias históricas, hitación de monumentos y ruinas ibéricas, etc.
La carretera o vía más importante de toda la red es, según Philipon y otros autores, la vía Hercúlea que desde Narbona se dirigía a Carthago Nova, y pasando el Pirineo probablemente por los dos pasos del Portus y del Coll de Massana (Pella y Forgas) luego iba a Ampurias, Gerona, Arenys, Llavaneras, Cabrera, Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, Martorell, Tarragona, Tortosa, Amposta, Peñiscola, Sagunto, Valencia, Sueca, Villajoyosa, Denia, Alicante, Elche hasta Cartagena, que era el puerto más importante de aquella región. La vía Hercúlea la continuaron los romanos desde Narbona a los Alpes, mejorándola probablemente el primero. Por esta antigua vía pasó Aníbal denominándose a la prolongación de dicha calzada "vía Domitia" desde la época de su restauración, verificada por el Procónsul de Narbona Domitius (año 121 antes de Jesucristo). (...)
De Portvendres (puerto ibérico) al golfo de Gascuña se empleaba en los viajes rápidos siete días, a razón de 70 kilómetros diarios (Avienus, 148-151).       
El mismo Julián, tomándolo de Silius (III, 357), sitúa en Puigcerdá el campo de Hércules, cuya leyenda era allí muy conocida.
De Cartagena partían dos vías conducentes a Gadir, una por el litoral, sirviendo los puertos de Mazarrón, Urgis, Molibdana, Baría Murgis, Millares, Almeria, Abdera, Malaca, Carteya, Mellaria y Gadir.      
La otra, saliendo también de Carthago, iba a Kastulone por Eliocron y Turgia. De Kastulone conducía a Gadir, por Corduba, Astigi, Hispalis y Ugia. Por esta vía llegó César con su ejército desde Roma a Obulco al parecer en veintisiete días (Phillpon, obra citada, 281)
Napoleón, en sus Memorias, cree que sólo empleó veintitrés días en esa asombrosa marcha.
De la vía, Herculea se destacaba en Tarragona una vía que iba por Ilerda, Berbegal, Salduvia, Cascantium, Virobesca, Segisanio, Astúrica, Lucus y Betanzos. El trayecto Tarragona-Lérida sería probablemente distinto de la vía romana Aurelia y pasaría por Reus, La Selva, Ciurana, Vilanova de Prades (Sierra la Llena), Pobla de Ciervols y Vilosell. Jalonaban las vías lusitanas, Braga, Oporto, Coimbra y Lisboa.
Las vías de la Bética estaban bastante bien señaladas por las poblaciones antiguas y ruinas de venerable ancianidad reconocidas junto a aquéllas por Bonsor (obra citada, pág. 19) entre Alcalá de Guadaira y Carmona,  y junto a los 17 manantiales o puertos de los Alcores, hallándose otros importantes vestiglos de villas o poblados anteriores a la  dominación romana, y entre las villas púnicas populosas de esa región, menciona a Carmona (que aún subsiste) y además. La Tablada (cerca del Viso) y la Mesa de Gandul. Por esos poblados pasaba uno de los caminos prerromanos.
El carácter de los caminos ibéricos era variable con la comarca donde se desarrollaban. Desde la vía empedrada al estilo implantado por los cartagineses, hasta el simple sendero, había  todas las gradaciones y dominaba en general la vía utilizable para carros, pero  simplemente explanada, sobre todo en las regiones abruptas y del interior. (...)
De ello da idea la siguiente frase, consignada por Tito Livio en su libro XXVIII, cap. 1: Pleraque itinera Hispania impedita sunt aspirate viarium et angustiis saltibus crebis. Ciertamente los cami­nos del interior debieron ser rudos, y especialmente en los Saltus o desfiladeros donde las tropas romanas eran atacadas con violencia tal, que en el desfiladero Tugiense murió Publio Sci­pion atacado por los ilergetes y cartagineses reunidos. (...)
En cuanto a las vías de la Celtiberia, propiamente dicha, nos hemos guiado por los trabajos de Saavedra y de Schultz, pues a pesar de todas las críticas son los más interesantes de cuantos co­nocemos, por estar fundados en investigaciones minuciosas de exploración practicadas pacientemente, y sabido es que en asun­tos de este género el primer comprobante lo constituyen las refe­ridas exploraciones (...)
Para los caminos de la Bética hemos seguido las pocas indica­ciones que se deducen del estudio de las guerras púnicas y de los episodios de Bello Civile del inmortal César, así como de los in­teresantes estudios de Bonsor respecto a las colonias agrícolas de los Alcores.
La parte más difícil y para la que hemos hallado menos datos es la región Norte Galaica, Astúrica y Cantábrica, no porque no tuviera poblaciones y riqueza, sino a causa de haber sido la última en que penetraron las águilas romanas y donde, por tanto, llegaron tarde y mal los conocimientos de los historiadores que se han ocupado de las restantes regiones Ibéricas. (...)

VEHÍCULOS USADOS EN LAS VÍAS IBERAS

 El tipo de vehículos usado en los, tiempos que hasta ahora vie­nen, siendo considerados como prehistóricos es variable, pero entre los tipos de composición más sencilla, la que por otra parte se ha perpetuado hasta nuestros días.        
                
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En el Dictionnaire des antiquites grecques et romanies (Darem­berg y Sagio) se describen muchos tipos usados en la antigüedad, pero sólo haremos referencia a los de nombre o carácter celta o ibero.
Benna era un carro de cuatro ruedas portadores de una cesta.
   Llamábase Carpentum a una especie de tartana, o vehículo ce­rrado de dos ruedas muy empleado en tiempo de Tito Livio para conducir a las damas romanas; también se empleaba para viajes largos; dice la misma publicación que los pobladores del Norte al emigrar colocaban en ellos sus mujeres, sus niños y sus provisiones, que arrastraban parejas de bueyes, denominados  Carrago, los cuales se utilizaban para transportar la impedimenta de los ejércitos y luego se disponían formando barricadas alrede­dor de sus campamentos, costumbre que tuvieron los iberos y los galo-celtas; también se usaban esos vehículos para obturar las, entradas de los cercados. La carruca era carro de, cuatro ruedas y el carrussólo tenía dos de ellas.
Sin embargo, el vehículo más generalmente empleado, para las faenas del campo, dado el estado de aquella civilización, debió ser el que representa la adjunta figura núm. 15, que es la de un carro de bronce, formado por un exvoto encontrado por el señor Vives en la cueva o refugio de Despeñaperros, que aún existe en las fragosidades más abruptas de Sierra Morena, cerca de la alta cumbre del collado de los Jardines, donde, sin duda, debió haber una acrópolis ibera que he reconocido al Norte de dicho collado, aunque sin haber hallado pruebas concluyentes; es un carro cuyo recuerdo se ha perpetuado en España, porque se usa casi de igual forma en las montañas de Galicia, donde se empleaban  las carretas generalmente tiradas por una pareja de bueyes o vacas; las ruedas son de madera y formadas, por círculos completos, yendo uni­das al eje, sobre el que se coloca un tablero o la caja. La batalla del carro es reducida, a causa de las malas condiciones de los caminos rurales, cuya pendiente era enorme, y para poder circular por caminos estrechos y tortuosos donde no pueden cruzarse dos vehículos  y por ello el que desciende avisa a los que suben para que aguarden cruce en algún punto más ancho del camino. (...)
Los transportes se hacían generalmente a lomo mediante vestías de carga y también por medio de los carros citados (Diodoro, V, 224, y Strabon, IV, 1, 14); los celtas e iberos se hacían acompañar de sus carros de combate al ir a la guerra.

Con el nombre de petorritum designaban los celtas a un género de carrus, vehículo grande.                                ­
También tenían los celtas y los iberos carros ligeros de bancos como los redae, cuyo tipo también se ha conservado en nuestra Península u en el Mediodía de Francia.
            Las vías fluviales, desprovistas  de las presas que hoy constituyen el principal obstáculo  para la navegación, se utilizaron también para los transportes; desde la piragua tallada en un solo tronco (Tito Livio, XXI, 26,8) a las naves o barcas pesadas, había toda la gama, y entre los distintos tipos era notable el de navibus (Strabon, IV, 1, 14), constituyendo un conjunto muy variado susceptible de frecuentación bastante considerable:
   Según Strabon (Geografía libro III, II, .3) los barcos grandes remontaban el Betis, hasta Híspalis (Sevilla), llegando a Ilipa, Alcalá del Rio y a Cástulo las barcas medianas y menores. En Córdoba puede aún verse juntó a un molino, sito en la margen Izquierda del puente actual, un embarcadero de los utilizados para este género de tráfico.
Bonsor (Les colonies pre-romaines pág.14) traduce el siguiente interesante párrafo de Strabon (obra citada III, II, 3): "Las orillas del Betis constituyen la parte más poblada de la región. Los campos surcados por el río están cultivados con el mayor cuidado, así como las islitas y para colmo de agrado la vista se recrea contemplando bosques y plantaciones admirable­mente conservados. Las montañas vecinas, que ora se aproximaban y a veces se alejan, contienen múltiples yacimientos metalíferos, siendo muy abundantes la plata en los alrededores de Ilipa.» (...)
Del sistema fiscal puede considerarse como probable lo con­signado por Julián (obra citada, 236), según cuyo autor los derechos consistían en impuestos fronterizos y arbitrios de puer­tos, por lo cual el comercio prefería las, rutas con las cuales se cruzaban  menos fronteras o puntos de pago, pues había muchos arbitrios percibidos en las vías terrestres y marítimas (César, 1, 18, 3; Strabon, IV, 3, 2) si bien se hacían concesiones particulares a determinados mercaderes.
 El número de carros de guerra en la Iberia era muy grande; pues Solou en el Atlánticus Sermo, decía que los etíopes hesperios contaban entre sus fuerzas militares 10.000 carros de guerra además de la caballería, arqueros, honderos y una escuadra de 1.200 embarcaciones (Literatura celta hispana, pág. 393). Hero­doto refiere que la tribu libia de los Sauces tenía múltiples carros de guerra guiados por las propias mujeres de cada uno de los guerreros, y agrega que el uso de esos carros de guerra lo apren­dieron los griegos de los libios (Herodoto, lib. IV; .capítulos CLXXXIlI a CXCllI), enseñanza que a su vez los iberos transmitieron a los celtas, según Berlioux (Les Atlantes pág. 107).
Refiere Punicor (1, 222), que con los ejércitos iberos iban los carros de transporte, plaustra vehicula; de los que se valieron los vetones contestanos, incendiando los carros que arrastrados en vertiginosa carrera produjeron el espanto y desorden en las  filas cartaginas, que aprovecharon aquellas para derrotar a éstos, ma­tando a Asdrúbal su General y a una gran parte de su ejército; esa misma estratagema que repitieron con éxito los  vacceos destrozando y poniendo en fuga al ejército de Sempronio Graccho.
Catón en su Originum (lib. 111) hace mención de los carros de transporte usados  en Cataluña.
De lo consignado se desprende, como consecuencia Indudable, la  importancia que, tuvieron las civilizaciones tártara e ibera; y la existencia de su sistema complejo de comunicaciones terrestres y   marítimas. (...)
Los pueblos ibéricos, en síntesis, alcanzaron una civilización muy adelantada en relación con la época de su existencia y dis­pusieron de una red de comunicaciones de mucha extensión, si bien las características de las vías terrestres eran bien distintas de las actuales perfeccionadas, pero estaban en relación con los medios de transporte a que debían servir.

Mayo 1917.