Cuando la fotografía comenzó a testimoniar con imágenes nuestro mundo a mediados del XIX, los lápices y pinceles de multitud de artistas de muy diverso tipo ya habían dejado constancia de él; aquí este testimonio dependía de la agudeza en la observación, la memoria, la escuela y, en definitiva, la personalidad del dibujante.
Gracias a personas como Luis Rigalt, podemos conocer la Barcelona que derribó sus murallas; Rigalt dejó numerosos dibujos de conventos y edificios que pronto serían pasto de la piqueta. Gracias a él podríamos reconstruir uno de los muchos mundos olvidados que se superponen en la historia de una ciudad.
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| Dibujo de Luis Rigalt |
Junto a estos artistas, otros que los “articolas” considerarían naíf o menores, también han conseguido captar y perpetuar imágenes, hoy imposibles de conseguir, como es el caso del dibujante M. Escuder, de quien tan solo conocemos su obra en forma de dibujos e ilustraciones en libros, pero cuya principal aportación es la de habernos dejado su pequeña historia del transporte barcelonés en el siglo XIX.
M. Escuder.
La primera vez que entramos en contacto con los dibujos de Escuder fue gracias al libro “Costumbres y usos de Barcelona” que nos facilitó Montserrat Llagostera (blog “Pensaments i memories d'una Rosa d'avril”). En él y junto a ilustraciones de otros dibujantes como Lola Anglada, y sobre todo en el capítulo “Cómo fue transformándose la tracción para viajeros”, figuran sendas ilustraciones firmadas por M. Escuder.
Desgraciadamente, y tras muchas búsquedas, no hemos encontrado ninguna biografía de Escuder, ni tan solo algún dato personal; todo lo que escribamos sobre él pertenecerá al campo especulativo.
Sus dibujos pueden encontrarse en algunos libros sobre el transporte en Barcelona y en algunas webs comerciales de compraventa de antigüedades; en una de ellas y en la parte posterior del dibujo, aparecen tres datos: un nombre, Manuel Escuder Ferrer, una colección: Joaquín Renart, y una fecha: 1875; este último dato, para nosotros, no es aclaratorio; la fecha podría ser la de realización del dibujo, o también la de la fecha que representa.
Los dibujos a plumilla o a lápiz nos muestran personas y vehículos en las estrechas calles de la antigua Barcelona; no hemos encontrado ningún dibujo de un tranvía eléctrico o un autobús, lo que nos hace creer que cuando Escuder realizó sus ilustraciones, estos vehículos no existían.
M. Escuder nos ha dado algunas sorpresas al agrupar dibujos y fotografías; no disponiendo de mayor información sobre él, pasaremos a comentarlas.
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Paseo de Gracia en 1869, carruaje de la Central Barcelonesa de ómnibús. |
Antes de proseguir, diremos que al principio de nuestra búsqueda creímos que se trataba del industrial Miguel Escuder, fabricante de máquinas de coser y motores de gas, y alguna pista nos conducía a él, pero el cuadrito con la inscripción Manuel Escuder Ferrer nos cerró esta vía.
Dibujos de transportistas en las calles de Barcelona:
Recordando la novela de Ildefonso Falcones (gran aficionado al mundo ecuestre), esta ilustración recrea a dos bastaixos transportando su carga al modo tradicional, tal vez procedentes de los muelles de la Barceloneta.
Poco después de la llegada de los primeros ferrocarriles, se vio la necesidad de establecer un sistema de mayor capacidad para enlazar las estaciones del ferrocarril con los hoteles y posadas que solían estar en la Rambla. Así surgieron los primeros ómnibus. En 1859, estos carruajes ya hacían servicio entre el centro urbano y las estaciones.
En esta lámina a color, Escuder nos muestra uno de estos carruajes frente a la estación del ferrocarril de Mataró.
Además de los coches de punto, los ómnibus de familia representaban una forma de desplazarse de las clases pudientes que no disponían de medios propios, cuando debían viajar a los pueblos del llano. En esta ilustración, Escuder nos muestra uno de estos coches, concretamente un faetón, que era un carruaje de tamaño medio y muy adecuado para esta función, en la calle Condal.
Con una estructura similar también se construían furgones para el traslado de mercancías delicadas, como el del dibujo que encabeza la entrada.
Conforme la ciudad iba creciendo, crecían sus necesidades de desplazamiento. En los años sesenta del XIX, Barcelona contaba con cuatro estaciones de ferrocarril, dos de ellas muy alejadas de las demás; al mismo tiempo, los desplazamientos entre la Barceloneta, el centro y Gracia cada vez eran mayores. Así, grandes coches llamados ómnibus surcarían aquellas rutas de mayor demanda.
La Central Barcelonesa fue pionera en el servicio de ómnibus; a ella pronto se añadirían otras empresas de ómnibus con rutas paralelas, estableciéndose una primera red de transporte.
Escuder, nos muestra una de estas llamadas “centrales” con un tiro denominado potencia con sus tres caballos.
En 1872, inicia su servicio el tranvía de la Barceloneta al llano de la Boquería y Gracia, constituyendo dos secciones; la de Barcelona a Gracia llevaría un tiro de cuatro caballos, luego mulas, denominado cuarta, por tener un recorrido con un importante desnivel. Escuder nos muestra un tranvía de la sección de la Barceloneta que, por tener un perfil más llano, solo necesitaba un tiro de dos caballos o tronco.
El detallismo de Escuder, siempre, nos sorprende.
Pocos años después, una nueva compañía establece un servicio de tranvía entre Barcelona y la población de Sants, al sureste de Barcelona. Para su servicio, la compañía contrata coches construidos por el carrocero Segismundo Baucells, quien realiza copias de los coches fabricados en Inglaterra por Starbuck.
El dibujo de Escuder nos muestra uno de estos carruajes, que es difícil de distinguir incluso en las fotografías de los de la línea de Gracia.
En 1881, surge un nuevo tipo de ómnibus denominado Ripert. Complementará al tranvía en zonas donde no pueden establecerse los raíles, e incluso le hará la competencia.
Escuder nos muestra uno de estos coches en la versión de verano o jardinera.
Unas nuevas jardineras con estructura más ligera, mayor capacidad y mejor acceso ya están en servicio en 1887; el dibujo de Escuder queda confirmado con el fragmento de fotografía en el que aparece un coche similar en la plaza de Cataluña en 1888.
Para terminar, he aquí el dibujo y la fotografía que han constituido el "leitmotiv" de esta entrada.
Hacía años que encontramos la fotografía de un tranvía imperial totalmente diferente a cuanto habíamos visto. Muchos detalles nos asombraban, como la estrechez de su interior o la pequeña longitud de la caja; era tal vez un coche construido aprovechando diversos materiales, una especie de Frankenstein tranviario. La respuesta vino al organizar fotos y dibujos por numeración. El dibujo de Escuder, de otro tranvía también muy extraño (parece unidireccional) numerado como 194, y la foto cuyo coche presenta un número 195, se trata de un mismo modelo; la comparación de muchos detalles, además de su numeración, nos lo hace creer.
En el dibujo, el rótulo de San Antonio nos muestra que se trata de un tranvía de los que hacían la línea a la Barceloneta, y comenzamos a atar cabos: cuando se cierra el circuito de Circunvalación, la compañía encarga coches unidireccionales para este servicio; de ahí salen estos coches.
Sin embargo, queda aún mucho por profundizar sobre este tipo de tranvías y tenemos la esperanza de poder encontrar nuevas informaciones al respecto.















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