miércoles, 19 de marzo de 2014

La Compañía General de Tranvías de Valencia

La entrada a Valencia por las torres de Cuarte, entonces prisión militar y el tranvía interior por la calle de Cuarte.

Al repasar hace unos días una de nuestras entradas sobre los tranvías de Valencia, nos apercibimos de  un "continuara", que dejaba interrumpido el relato sobre los antiguos tranvías valencianos, que el señor José Sebastián publicara en los setenta, en el Boletín de los tranvías de Barcelona.
Estos días que se presiente el olor de pólvora fallera en le ambiente retomamos el capitulo de la serie:
Tranvía en el camino del Grao.

La Compañía General de Tranvías.
La Compañía General de Tranvías marca una nueva etapa en la expansión de los servicios tranviarios de Valencia.                                               
Se constituyó en 11 de julio de 1891 con un capital de 1.100.000 pesetas, y adquirió la concesión de un tranvía a vapor de Valencia al Grao y las de los tranvías de tracción animal de Ensanche e Interior y enlace de estas dos líneas con la primera.
La línea del tranvía a vapor del Grao en verde, sobre un fragmento del plano de Valencia de 1891

La línea de Valencia al Grao tenía la cabeza en la bajada del Puente del Real junto a la Plaza de Tetúan; seguía luego por el citado puente, entrando por el último andén del paseo de la Alameda contiguo al camino de la Soledad, cruzaba este camino, entraba por el camino Nuevo del Grao y continuaba hasta el edificio de Escuelas Públicas, en cuyo punto cruzaba el camino; entraba en el llamado Camino Hondo hasta el final del mismo; penetraba otra vez en el Camino Nuevo del Grao, por donde seguía hasta cruzar el lugar denominado el Ovalo para continuar por toda la calle de Santa Ana y por la del Cementerio hasta el final de la plaza de Espartero en Villanueva  del Grao, en cuyo punto terminaba el trayecto. Posteriormente se prolongó la línea hasta la Playa de Levante, frente al lugar donde se emplazaban en verano los establecimientos de baño.
Plaza de Tetuán, tranvía del Grao a la izquierda, y tranvía del interior a derecha.

El tranvía del interior en rojo,sobre el mismo plano
La línea del Interior 
Partía del apeadero del tranvía a vapor en la plaza de Tetuán y terminaba en la Estación de Aragón, con el siguiente itinerario: calle frente a la Glorieta, plaza del Príncipe Alfonso, plaza de las Barcas, calle del Poeta Querol, calle de Ba­llesteros, plaza de San Jorge, calle de Bar­celonina, plaza de San Francisco, calle de En Llop; Torno de San Gregorio, calle de Adresadors, plaza de Pertusa, calle de la Jabonería Nueva, Pie de la Cruz, Balmes, Lepanto, Doctor Monserrat, Borrull, Soco­rro,Cuarte, Estación de Aragón. 

La vía descendente iba por la calle de Cuarte y Murillo, plaza del Mercado, Cordellats, En Gonari¡ plaza del. Collado, calle de los Dere­chos, Abadía de San Martín, plaza de Villa­rrasa, Torno de San Cristóbal, Mar, Con­gregación y plaza de Tetuán.






El tranvía del Ensanche 
Tenía su inicio en la plaza Mayor de Ruzafa recorriendo las siguientes calles y plazas: Valencia, Colón, Pascual y Genís, Poeta Querol, Ba­llesteros, San Jorge, Barcelonina, San Francisco, En Llop, Torno de San Gregorio, Adresadors, Pertusa, Jabonería Nueva, Vír­gen de los Angeles, Pie de la Cruz, Balmes, Encarnación, Guillem de Castro hasta la Casa de la Beneficiencia, Corona, Mosén Sorell, Santo Tomás, Rateros, Serranos, Virgen de la Concordia, San Bartolomé, Calatrava, Purísima, Collado, Derechos, Abadía de San Martín, Villarrasa, Torno de San Cristóbal, Mar, Congregación, Tetuán, frente a la Glorieta, Príncipe Alfonso, Poeta Quintana, Picadero, Isabel la Católica a Puerto, calle de Valencia hasta la plaza Mayor de Ruzafa.


Tranvía de vapor de Valencia al Grao
El día 21 de abril del año 1892 se verificó la bendición del material móvil y fijo del tranvía de vapor de Valencia al Grao, y la línea se abrió al servicio público al siguiente día 24. Los trenes salían cada diez        minutos. El precio del billete era de quince céntimos tanto en el interior de los coches como en el imperial, y los trayectos del camino costaban diez céntimos.
El tranvía de vapor en el llano de Viveros.
El tranvía de vapor adquirió pronto gran popularidad. A ella contribuyó, aparte de la competencia que venía a establecer en los medios de transporte y el gran número de personas que lo utilizaban, las desgracias que producía a su paso. La mayor parte de ellas obedecían a torpeza o descuido de los transeúntes y viajeros, que no se daban cuenta de que la línea era realmente un ferrocarril de vapor y transitaban por delante de él, subían y bajaban con la misma falta de precauciones como si se tratara de un tranvía de tracción animal. 
Varios choques con tranvías de la Valenciana en los cruces de las dos líneas, algunos de ellos con elevado número de víctimas, y el atropello de carros y otros vehículos acabó por convertir en siniestra su popularidad. Y el pueblo valenciano, con esa predisposición innata para la sátira y para convertir en burla o donaire hasta los más tristes y lamentables acontecimientos, aplicó en seguida al tranvía de vapor un mote, mote burlón y agresivo que hizo fortuna y por el cual se le designó y se le conoció siempre. Ocupaba entonces la atención de la prensa y del pú­blico ávido de informaciones truculentas, el nombre de un criminal que actuaba en Francia y al que sus crímenes y fechorías hicieron famoso. Se llamaba Rabachol. 

El pueblo valenciano ya tuvo bastante: llamó "Rabachol" al tranvía de vapor que tantas muertes y atropellos cometía. Y extendió el mote, en diminutivo, sólo por pertenecer a  la misma Compañía, a los pequeños coches de tranvías que, tirados por un caba­llejo y con el distintivo de una banderita encarnada los de la línea Tetuán-Aragón y otra amarilla los de Ruzafa-Cuarte ­Serranos', se paseaban pacíficamente, pintorescos y enternecedores por las calles de la Ciudad de aquel tiempo.
Así como a la otra Sociedad de tranvías se la llamó, abreviando su nombre, La Va­lenciana, a ésta apenas se le llamó La General, porque las gentes bautizaron inmediatamente a sus tranvías con los nombres, a la vez estigma y remoquete, de "El Rabachol" y El Rabacholet. Así se llamaron y fueron conocidos hasta su desaparición.


Otras Lineas de la General
Aparte estas líneas, la Sociedad General de Tranvías adquirió y explotó los tranvías de tracción animal de Valencia a Torrente y de Valencia a Tabernes Blanques, Masa­magrell y Puebla de Farnals.
El primero había sido concedido en 17 de septiembre de 1892 a Don Gil Roger López y Cía., cuya Sociedad, una vez comenzadas las obras, cedió la concesión a la de Plá Hermanos, la que, a su vez la cedió, ya en explotación, a la General. 
Se inauguró al servicio en 25 de abril de 1895. y para no perjudicar a los tartaneros j empleados de los coches que prestaban el servicio de Valencia a Torrente, los señores Plá Hermanos compraron los caballos de dichos vehículos y a los dueños les emplearon en las plazas de conductores de los tranvías. 
La otra línea, la de Puebla de Farnals fue otorgada en 23 de febrero de 1891, y para su explotación se constituyó la Compañía de Tranvías del Norte de Valencia, sociedad que, como queda dicho, cedió también sus derechos a la General de Tranvías. La inauguración de la línea tuvo lugar el día 1º de enero de 1892.

Los Tranvías del Cementerio
El último tranvía de tracción animal que se estableció en Valencia fue el del Cementerio. La concesión se otorgó en 27 de agosto de 1894 a la entidad Lladró y Cía. y el servicio quedó inaugurado en el año 1903, cuando ya se trabajaba para transformar en eléctricas todas las líneas de tranvías de la Ciudad.

El Ferrocarril de Valencia a Villanueva de Castellón
Otro importante ferrocarril económico se constituyó en este período de iniciación de los transportes valencianos: el que originariamente se denominó Ferrocarril del Grao de Valencia a Turís y Minas de Dos Aguas, otorgado en 27 de julio de 1891 a la Sociedad Pascual Caries. 
El tramo Valencia-Torrente se abrió al servicio en 11 de noviembre de 1893, y la Estación quedó emplazada a la izquierda del Camino de Jesús próxima al Manicomio, donde aún se encuentra.
Esta línea fue ampliándose con distintas concesiones, que finalmente, por R. O. de 27 de junio de 1909, se fusionaron en dos; Grao de Valencia a Villanueva de Castellón y Picasent a Turís y Minas de Dos Aguas y Carlet Catadau. En los años 1894 y 1895 quedaron inaugurados los tramos Torrente-Picasent, Picasent-Rambla de Carlet y Rambla de Carlet-Alberique. Años más tarde, en 1912, se construyó la Sección Nazaret-Valencia, y en 1915 se abrió al servicio el último tramo Albe­rique-Villanueva de Castellón.


José Sebastián

Aprovechamos la ocasión para felicitar  a Rosa d'Abril, Paco Pons i al resto de amigos que están estos días en Valencia. 

sábado, 22 de febrero de 2014

jueves, 20 de febrero de 2014

La colección de cromos III



Actualizado en diciembre de 2025

Nota.- faltan las fotografías de los PCC barceloneses 1673, 1677 y 1679, en los casos del 1673 y 1679, se ha optado por incluir fotos con coches de esta serie de los que desconocemos el número.


(Continuará)

miércoles, 19 de febrero de 2014

La colección de cromos II






Actualizado en diciembre de 2025


(Continuará)

lunes, 17 de febrero de 2014

La colección de cromos

Hoja actualizada en diciembre de 2025

Como buenos coleccionistas, también tenemos nuestros cromos.
En nuestro caso son fotos de muy diversos autores a los que agradecemos inmensamente que en algún momento hayan plasmado sobre el papel las imágenes de nuestros queridos tranvías.

Hace años empezamos a agruparlas y ahora podemos presentarlas en forma de álbum de cromos.
Esta colección está formada por los coches de tranvía de Washington que circularon por Barcelona.
En la medida de lo posible, hemos agrupado los coches originales en la capital americana junto con el mismo coche en Barcelona. En los casos en que no disponemos de la correspondiente fotografía, hemos indicado el número correspondiente a la espera de encontrar el "falti" correspondiente.
De paso, aprovechamos la ocasión para pedir ayuda a nuestros lectores, para completar esta colección..

Hoja actualizada en diciembre de 2025


Para la  clasificación, se ha utilizado la lista de equivalencia entre coches de la "Capital Transit" y su posterior numeración en Tranvías de Barcelona,  publicada en Asotram,  y realizada  por el Sr. Jordi Ibáñez*.

Las fotografías correspondientes a los coches n.º 1604, 1606 y 1612 corresponden a vehículos de esta serie con número no visible; agradeceríamos también su identificación.*

Notas de la actualización de2025.
  • Posteriormente hemos tenido noticia de que la lista de equivalencia fue conseguida gracias a la localización en los archivos de una cochera. (Creo que en la conversación entendí Puigcerdà), de una lista de los coches importados y su numeración posterior, en la elaboración de la lista, y con el señor Ibáñez trabajaron César Ariño y otros grandes aficionados  cuyos nombres no consigo recordar.
  • La localización de estas fotos en estos últimos años nos ha permitido la actualización de esta hoja. 
  • Las fotos correspondientes a los coches DC 1303 y 1315 pueden no corresponderse con estos números, al no disponer de ninguna que realmente tenga el número visible; en su lugar, hemos colocado coches con similares características a los indicados.
(Continuará)


domingo, 9 de febrero de 2014

Los 101 PCC y la Dave’s Web

Dave's Web- Tranvías de Washington.

Hace ya más de 50 años comenzaron a circular por Barcelona unos nuevos tranvías que para los habitantes de la “Ciutat Comtal” fueron toda una novedad. Aún recuerdo a mi padre, exclamando maravillado ante la comodidad de los nuevos vehículos.

Davé al mando de una locomotora.
Personalmente tardaría en utilizarlos, y mi recuerdo de ellos es breve, quizás el más intenso fue el de un viaje obligado en el 56 para ir a la plaza de España en una ocasión en que se incendió un tren de los Ferrocarriles Catalanes en la estación de Plaza España, y el humo obligó a interrumpir el servicio, por lo que tuvimos que transbordar al tranvía en el apartadero de Plaza de Universidad.
En total llegaron a Barcelona 101 tranvías PCC de los que llegarían a circular 99.
Por otro lado, queremos rendir homenaje al Sr. Dave que en una enciclopédica labor, consiguió reunir, en nuestra opinión, el mejor catálogo de tranvías y ferrocarriles eléctricos de EEUU. Dave nos dejó en febrero de 2009, pero sus amigos han mantenido la Dave’s Web hasta hoy, y podemos disfrutar de su cuidada catalogación de fotografías de muy diversos autores.
En este Post, hemos decidido adoptar su estética. 
Los tranvías PCC.
El modelo de tranvía PCC, ha sido uno de los más extendidos de la historia de los tranvías. Diseñado entre 1934 y 1936 ante la necesidad de modernizar el servicio de tranvías, sus aciertos se extendieron rápidamente y con sus bases se ha llegado a la construcción de cerca de 20.000 unidades en todo el mundo, estando presente en las redes de los cinco continentes. Es más, algunas de las innovaciones aportadas por los PCC, se hallan presentes en los más modernos tranvías construidos hoy.






Hacia 1930, tras la primera guerra mundial, dos hechos influirían de gran manera en el desarrollo de las líneas tranviarias. Por una parte, la industria automovilística se había hecho muy importante, ello contribuiría a la desaparición de multitud de pequeñas instalaciones tranviarias, en algunos casos reemplazadas por autobuses, pero en otros simplemente cerradas con la consecuente desaparición del servicio para  sus usuarios. Con el tiempo, la situación también  afectaría a  las grandes ciudades, especialmente tras la crisis de 1929 que con el aumento del desempleo generaron un descenso significativo y generalizado de pasajeros, este  sería el segundo e importante factor que amenazaría a las explotaciones tranviarias.
Existía pues,  una necesidad urgente de reaccionar y mejorar los equipos para mantener a sus clientes y atraer a nuevos usuarios.
Los líderes de varias importantes redes se reunieron en comité en 1927 para estudiar la situación de los tranvías americanos. Llegando a la conclusión de que era necesario diseñar un tranvía moderno, de gran capacidad, diseñado para funcionar con un rendimiento y comodidad que pudiera compararse con los nuevos sistemas de la automoción.
En 1931, "El Comité de la Conferencia de Presidentes de compañías de tranvías" (ERPCC) contrató para el  estudio de un nuevo tipo de vehículo tranviario, un equipo de técnicos, que sería dirigido por el profesor Clarence F. Hirshfeld . 
Este equipo sacó dos prototipos en 1934 que satisfizo todas las expectativas y  a ello, le siguió  un primer pedido de cien coches para la red de Brooklyn.  La primera  unidad  (1000), fue entregada el 28 de mayo 1936.

Para lograr ésto, el equipo de Hirshfeld estudió todos los órganos de un tranvía con el fin de detectar fallas y mejorarlas. Las principales áreas identificadas fueron:
• Aceleración: hasta entonces  la aceleración y frenado se efectuaban a través de la controla accionada manualmente y con limitados puntos de velocidad.
La mejora en la conducción, llegaría con el acelerador rotativo. Este consistía en un reostato accionado mediante un servomotor que el conductor operaba con dos pedales.
Esto permitía, por un lado   disponer de un mayor número de puntos de velocidad, dando al coche una suavidad en las aceleraciones, nunca vista hasta entonces. Por otro lado, el accionamiento por pedales similar al de los automóviles, permitía al conductor una mayor libertad de movimiento. dejando las manos para otras operaciones, como manipulación de billetaje, iluminación del coche, etc.
El acelerador rotativo, también servía como freno y además de una aceleración progresiva y potente incorporaría un frenado  suave y eficaz.



• Rodadura y suspensión: Para obtener una conducción perfectamente suave, se emplearon las ruedas elásticas. Para ello, se incorporó bloques de caucho  entre el cubo y la llanta de la rueda. Esta técnica, aún hoy utilizada,  ha dado a la circulación tranviaria una marcha suave y silenciosa sin precedentes hasta entonces. 
La suspensión primaria dependía de un muelle helicoidal insertado entre  planchas de caucho,  además se complementaba con amortiguadores hidráulicos.
En 1988,  con motivo del cierre de la cochera de Diputación, tuve la ocasión de subir a uno de los coches PCC que aún estáticos, conservaban la agradable sensación de esta suspensión, lo que me impresionó realmente.



Interior: De un solo cuerpo,  daba una sensación de amplitud, en los primeros coches se instalaron cuatro asientos delanteros tapizados en cuero, luego se mantendría en todos los coches el tapizado acolchado, a diferencia de los bancos de madera que habían proliferado hasta entonces.  La ventilación directa se efectuaba por la apertura de las ventanas, y se complementa con un sistema automático de renovación de aire interior. La iluminación se incrementó con más puntos de luz.

• Cabina: Los "watmans"  realizan la  conducción mediante pedales, dejando las manos libres para el resto de operaciones, iluminación, despacho de billetes, etc.



• Modularidad: El diseño por módulos, redujo en gran forma los  costes de fabricación, los módulos eran  flexibles tanto en anchura como en longitud. La disposición de acceso podría ser modificada de acuerdo con las necesidades del cliente. Se estudiaron diversas variantes de bogies, tanto para vía normal como  vía métrica.


• Diseño externo: La estética PCC rompió radicalmente con lo conocido hasta entonces. Su frontal redondeado con un parabrisas plano de dos hojas, y la suavidad de las líneas del coche eran de una modernidad sorprendente.



Los PCC de Barcelona.
A finales de los años cincuenta, Barcelona tenía un parque tranviario extraordinariamente envejecido, por otra parte, en aquellos años a pesar de que existían planes para eliminar las líneas de tranvía en el centro urbano, también se quería mantenerlos en servicios periféricos por lo que había una necesidad real de nuevos tranvías.
La ciudad de Washington había decidido la eliminación de su red tranviaria y puso en venta su flota de tranvías. la ciudad de Sarajevo compró una buena parte de ellos en 1959. 
Barcelona haría lo mismo y en diciembre de 1961, llegaron a Barcelona las dos primeras unidades para hacer con  ellas pruebas de circulación, tras lo que seguiría la compra de 99 coches más en un total de 101 tranvías.
De nuestra "colección de cromos", de la que aún nos faltan algunos, hemos decidido presentarlos, junto cuando sea ello posible, con su versión  original de la capital americana.








Los primeros coches PCC llegaron a Barcelona en 1961, eran los coches "District Capital Transit" 1340 y 1258. 
La primera reforma fue efectuada en Macosa y consistió en la eliminación del patín para toma de corriente por tercer carril subterráneo de que estaban dotados para circular por Washington.
En las primeras pruebas realizadas, apenas se  ve ninguna diferencia externa con la versión original. Pero al poco tiempo fue necesario dotarles de un trole delantero para poder maniobrar en las cocheras que en su mayoría no disponían de bucle para invertir la marcha.
Estos coches recibirían la numeración 1601 y 1602 y estarían en activo hasta 1968 1 1969.
Posteriormente las autoridades barcelonesas, quisieron imponer su estética, realizando algunos cambios, mas que discutibles. Dejamos para otra entrada la modificación de estos coches.




(Continuará)
Con referencia a un comentario del Sr. J.M. Pradell
El tercer raíl de alimentación de los tranvías de Washington.

Los tramvias de La DC, presentaban una particularidad con respecto a otras ciudades.
En el centro urbano, en lugar de línea aérea la alimentación se realizaba mediante tercer raíl subterráneo.
Este sistema técnicamente complicado, tanto en construcción como en mantenimiento, pervivió hasta el fin de la red. Así los tranvías PCC para la ciudad de Washington tuvieron que incorporar este sistema en su construcción.

Las siguientes fotografías nos dan idea del sistema:


Con referencia al cambio de aéreo a subterráneo, uno de los puntos de cambio fue:

Para finalizar creo que en este enlace, podrán encontrar una buena información:
I sistemi a presa di corrente sotterranea 


sábado, 11 de enero de 2014

La tartana larga y Josep Pla (2)

Una tartana ante la Estación del Norte de Barcelona

  Hace ya 2 años que publicamos un fragmento de la obra de Josep Pla, "Un señor de Barcelona", que nos servía para ilustrar un hoy poco conocido medio de transporte colectivo, la tartana larga.

Al contrario que en otras ocasiones, nos negamos a traducir, pues nos hacía cierto coraje, y creíamos que más pronto o más tarde encontraríamos una traducción de él.
Esta Navidad un amigo nos trajo esta traducción, corresponde a una edición del libro de Pla de 1981.
Aunque preferimos siempre la original, LES TARTANES,  para quienes tengan dificultades en la lectura en catalán, puede ser una ayuda.


Curiosamente la publicación de nuestro anterior post sobre las tartanas, se realizó en los alrededores de Sant Antoni Abad. Ahora dos años más tarde retomamos nuestro compromiso.

Viaje en tartana.


Puget ha conocido la época de las tartanas largas. 
Sí, señor -me dice muy animado-. Yo he ido de San Juan de las Abadesas a Olot en diligencia y de Olot a Figueras, Rosas y Cadaqués en tartana larga. La tartana corta, de dos o tres asientos por banda, era un vehículo meramente particular. En los pueblos se utilizaba para ir a esperar el forastero a la estación, para sacar a misa a la señora encinta o para ir a buscar al cura en el momento de una desgracia. La tartana larga se utilizaba en cambio para el transporte en común y en las carreteras constituía una de las más curiosas amenidades que pueden imaginarse.
El túnel era realmente dilatado. Las personas a las que tocaba sentarse sobre el eje del vehículo -es decir, en el centro del cilindro- viajaban en una atmósfera de profunda oscuridad. Los ocupantes del fondo vivían como en el interior de una caverna y su única esperanza consistía en estar iluminados por algún improbable resquicio de luz penetrando por la pared compacta de sarriones, fardos, mundos y maletas atadas a la parte trasera del vehículo. En realidad, luz franca no la tenían más que los viajeros asomados a la delantera; sin embargo, cuando llovía o nevaba se echaba el párpado del toldo y entonces el paisaje podía contemplarse sólo bajando mucho la cabeza y contor­sionándose. La tartana tenía un farol de luz de aceite, grasiento, colgado de una púa situada en su ángulo delantero de arranque.
En el suelo había paja, pero lo que había dentro de la paja constituyó para mí siempre un misterio insondable. A veces, uno, con los pies chocaba con algún cuerpo duro; otras aplastaba un morral con algarrobas y salvado; en alguna ocasión emergía de la oscuridad el gemido de un animal doméstico con un ala o una pata cogida por nuestros zapatos.
Tartana frente a la casa Estruch en plaza de Catalunya, a principios del siglo XX.

Un día, en el curso de un largo viaje, noté que un payés, que viajaba en el fondo del cilindro, interpelaba con inusitada frecuencia a sus más próximos compañeros.
¿No les parece a ustedes que hace mucho frío? -decía el payés anudándose la bufanda-. Ya le digo yo que tengo los pies helados...
Hombre, tanto frío, tanto frío, ¿qué quiere que le diga? -le contestó un viajero con aire indiferente-. El día es realmente frío, pero tolerable.
Al poco rato el payés volvió a la carga.
¿Qué si hace frío? -dijo como si hablara consigo mismo-. Ya les aseguro que lo hace. Hace un día verdaderamente frío.
¡No será tanto! -contestó otro viajero-. No tenga usted cuidado: este invierno tendrá usted más.
Pues o yo estoy loco o hace un frío endemoniado.
¿No estará usted con el trancazo?
Cuando llegamos a Olot se descubrió que el payés -que calzaba alpargatas- había hecho diez kilómetros en la tartana con los pies encima de un saco que envolvía una barra de hielo rutilante. Era una barra de hielo para un enfermo grave.
La tartana larga tenía un primer momento alegre, que era el del trasmusleo o el de trasmuslear -y pase la palabra-. La operación de colocar las rodillas entre los muslos del viajero de enfrente -única manera de viajar cómodamente en estos vehículos dada su intrínseca estrechez, operación que fue uno de los encantos de la actividad errabunda del viajante de comercio-, dio lugar a muchas anécdotas rijosas y picantes. Desde luego, ello dio origen a muchas procacidades de un dramatismo entre bufo y trágico. Sin embargo, las procacidades, en este mundo, son muy escasas y entonces aparecía la etapa triste de la tartana, que era la más larga. La contemplación de una ristra de seres humanos tiesos como remolachas, sentados delante de otra ristra, rígidos como rábanos, inmersos en una oscuridad grisácea, dando tumbos por el mundo, teniendo, en la parte delantera del tubo, un paisaje cambiante, siempre fue, a mi entender, un fenómeno extraño.

Josep Pla, 1945  (del libro un senyor de Barcelona).

Curiosamente este texto, me ha recordado que en mi infancia, a finales de los cincuenta, aún existía el transporte en camión de línea.
Recuerdo borrosamente un viaje entre Barcelona y un pueblo del Garraf en el camión del "Joan Pega", los pasajeros íbamos sentados en dos bancos transversales en la caja del vehículo, en el centro estaban las cajas y las enormes lecheras vacías que en su retorno de la ciudad, se iban repartiendo por las casas  que tenían rebaños de cabras, en su vuelta cargaría otras que enviarían el láctico a las lecherías de la ciudad.
Viendo así las cosas, puedo pensar lo poco  que habían cambiado  las costumbres entre los tiempos que describe Puget en la narración de Pla y aquellos años cincuenta de mi infancia.



Finalizaremos el post, recordando a nuestros lectores, que hoy, se inician en Catalunya y en muchos otros puntos, las fiestas de St. Antoni Abad y a partir de hoy Los Tres Tombs, surcarán las calles de pueblos y ciudades.
Mañana por nuestra "ex-vila de Sant Andreu del Palomar" en Barcelona, multitud de carros y bestias de tiro circundarán nuestras calles con la alegría de sus campanas y cascabeles con la tradicional bendición en plaza Orfila.
Y nosotros solamente diremos: ¡¡ Visca Sant Anton!!