Muy anteriores a la aparición de los tranvías u otros medios de locomoción animal, en guarniciones, hosterías, granjas y otros lugares donde existiera una acumulación de animales, estos debían ser alojados en cuadras o establos.
Con la llegada de los transportes regulares de tracción animal, la importancia y abundancia de los équidos obligó a la creación de unos establos adecuados para el alojamiento de los animales que traccionaban a los vehículos dándoles cobijo y cuidados en sus relevos.
Las compañías de tranvías dispusieron una reglamentación de cómo deberían cuidarse y mantenerse estos para un correcto servicio.Del libro “Tramways construction et explotation” de 1899, hemos resumido las características de estas instalaciones:
Antiguamente, los establos estaban situados en naves de dos plantas, generalmente de madera, aunque en Europa se edificaron de obra.
Los caballos ocupaban la planta inferior y eran colocados con las cabezas hacia la pared, en dos hileras a lo largo del edificio. Cada rocín era amarrado en un compartimento individual, y “personal”, por así decirlo, con una anchura que variaba de un metro hasta un metro veinte de ancho aproximadamente; todos ellos disponían de un comedero y una reja para el heno que también solía ser comunitaria para todas las bestias (iba de punta a punta en ambos lados de la pared). En otros casos, los animales eran distribuidos en dos hileras al centro de la nave, dejando un pequeño pasillo central por el cual los mozos echaban la comida a los équidos.
En establos más grandes, donde había un gran número de animales que alojar, se usaban ambos sistemas de distribución, dejando entre las hileras espacio suficiente para que las bestias no llegasen a patearse entre ellas.En la primera planta también se situaba la forja, donde se preparaban las herraduras y se herraban las bestias, y la enfermería, donde había boxes aislados para alojar hasta un diez por ciento de las bestias.

El segundo piso alojaba el almacén donde se guardaba el alimento en grano y forraje, que se servía un mínimo de dos veces al día, una sala para el descanso de los mozos, una oficina y el cuarto de los arreos.El techo de la primera planta debía tener una altura mínima de unos tres metros y medio para una correcta ventilación de las cuadras, y los respiraderos tenían que situarse de manera que no dieran corriente de aire directa a los animales.

El suelo era de material impermeable, como podía ser el asfalto o el cemento, para que los desechos de los équidos no se filtraran y así mejorar las condiciones higiénicas.
En los compartimentos, el suelo se cubría con paja, viruta de madera/serrín o hasta con turba de carbón. Materiales blandos donde los caballos (que duermen de pie) podían relajarse, a la vez que son absorbentes y evitan resbalones. A esto se le sumaban zanjas de drenaje que conducían el agua y los orines hacia las cloacas.
Aparte de los portones principales, era importante disponer de otras salidas para facilitar la evacuación en caso de incendio; a ambos lados de la cuadra, se solían disponer otras más pequeñas, para este fin.
Los incendios eran frecuentes y, desgraciadamente, tenemos constancia de varios de ellos; uno de ellos en Nueva York en 1886 causó la pérdida de varios centenares de animales.
La iluminación, que en el alojamiento de los animales solo podía ser natural, se reducía a lámparas de petróleo o candiles de aceite en los pasillos interiores. Esto incrementaba el riesgo de incendio. Con la llegada de la iluminación eléctrica se reducirían estos incendios, pero en los tranvías fue un breve periodo de calma, ya que también supondría en poco tiempo el fin de la tracción animal.
Llegaron a existir desde pequeñas cuadras hasta enormes establos de pisos. Estos últimos generalmente en zonas muy densamente pobladas; un ejemplo de ello sería una cuadra de pisos en Berlín, antecesora de los modernos parkings y de la que hemos encontrado una fotografía.
.:SeBaS:. (ferradures)
En Barcelona existieron numerosas cuadras; la última que recuerdo y que de pequeño había visitado era la de la Guardia Urbana situada en la antigua sala de máquinas de la Expo de Barcelona 1888. La recuerdo como una sala amplia, nave donde los caballos se ataban a la pared, como describía antes, Ferradures.
Los tranvías de Barcelona tuvieron su gran cuadra en la Barceloneta, entre la calle Ginebra y el Paseo Nacional. En este gran establo, además del cuidado de los animales, también se hacía el trato y compraventa de los mismos, como es posible ver en la prensa de entonces.
La Sociedad Catalana de Tranvías estabulaba en su cochera de la calle Borrell; la compañía de Barcelona Ensanche y Gracia en la cochera de Torrente de las Flores, aunque tenemos indicios de que disponía también de otra cuadra en la calle de Bruch.
La Barcelona Tramways & Co., además de la cuadra de la Barceloneta, disponía de la de Josepets con una ampliación en la calle San Salvador esquina Torrente de L'Olla, otra en la Travesera de Gracia (ignoramos el punto exacto) y la de la calle Taulat en Poble Nou. El Tranvía de Sants disponía como mínimo de una cuadra en la cochera de Sants. El Tranvía de Sarrià y San Gervasio tuvo que disponer de una cuadra en Dalmases, donde también dispondría más tarde del depósito de locomotoras de vapor y de la cochera del tranvía eléctrico; suponemos que tendría también una cuadra en algún punto de la línea de les Corts que seguiría con tracción animal hasta su electrificación.
El tranvía del Litoral también tuvo una cuadra en algún punto de Barcelona, ya que en sus inicios como tranvía desde la calle de Comercio hasta Pueblo Nuevo fue de tracción animal y, más tarde, al llegar a Badalona e incorporar la tracción a vapor, mantendría un pequeño tramo a tracción animal entre la calle Comercio y el Puente de los Ángeles, en el término de Sant Martí, ya que hasta mucho tiempo después el ayuntamiento de Barcelona no permitiría la entrada de estos tranvías de vapor en su término municipal. Por este motivo suponemos que dispondría de una cuadra próxima al paseo de Pujades.
El tranvía de Horta también tuvo un corto periodo de tracción animal y suponemos que estabularían sus pencos en la estación de Horta.
Finalmente, la Catalana de Riperts disponía de una cuadra cochera en la calle Aribau y en algún punto de Gracia estarían las cuadras de la Tatersal.
También diremos que el único tranvía que no dispuso de cuadras fue el de San Andrés, ya que nació con vapor, transformándose a inicios del siglo XX en eléctrico.
En la actualidad, desaparecidas las últimas cuadras que albergaban a los caballos de los coches turísticos de las Ramblas, y con el traspaso de competencias de policía que acabó con la presencia del Cuerpo Nacional de Policía, que también disponía de caballos (los mosos carecen de cuerpo de caballería), las únicas cuadras que se mantienen en la ciudad son las del Club del Polo y las de la Guardia Urbana.
Lamentablemente, nuestra ciudad, con una gran historia en el mundo equino, ha preferido sustituir estos nobles animales por otros medios de locomoción, incluso en el sector turístico, en que muchas ciudades mantienen este servicio hoy, con buenos rendimientos.