sábado, 29 de enero de 2011

La cochera de Poble Nou Taulat

Entre los años 1872 y 1881 se constituiría la primera red tranviaria de Barcelona.

Tras la inauguración en Junio de 1872 del primer tramo Gracia Plaza de la Boquería, continuó según indicaba el Diario de Barcelona de 18 de setiembre de 1872 "comenzó la tram-vía el servicio del muelle." Es decir, la línea Boquería Barceloneta.
Finalmente, el 22 de julio de 1874 "se inauguró el trayecto de tranvía del Pueblo Nuevo comprendido entre el punto donde empalma con la del muelle junto al Depósito comercial hasta la calle de Galcerán Marquet, en el barrio del Taulat de San Martín de Provensals. Asistieron las autoridades y varias personas invitadas."

Así, en menos de dos años, la Barcelona Tramways Co Ltd. ya contaba con tres líneas, lo que requería aumentar se parque móvil tanto en coches de tranvía como en animales de tiro. Por otro lado, las líneas casi constituían prolongaciones por lo que la cochera de "els Josepets" estaba muy alejada de los restantes extremos de la Red. Esto producía un movimiento innecesario de animales y material para su refresco. Por ello a pesar de que en el proyecto inicial de la línea del Poble Nou realizado por Rafael de Luna se mencionaba expresamente que no era necesaria la construcción de edificios para la misma, al contar con unas amplias instalaciones en Gracia. La realidad fue que al poco de la apertura de la línea, se inicio la construcción de una nueva estación o cochera al termino de la misma.

El diario de Barcelona de 26 de agosto de 1874 publicaba: Empezaron las obras de la estación de la tram-via del barrio de San Martín de Provensals, llamado Pueblo Nuevo.

La cochera sita en el tramo final constaba de un edificio para los coches con vías perpendiculares al trazado y acceso mediante plataforma giratoria. Dado el reducido terreno de la misma, muy probablemente estaría dotada en su interior de un carro transportador para acceder a vías paralelas.

En un expediente del AHAB relativo al tranvía del Poble Nou, hay un plano de detalle de la Terminal de la línea, donde está perfectamente dibujado el acceso a la cochera, la puerta y la vía del ramal del tranvía de los Docks a la Herrería de Nuestra Sra. del Remedio (la Material).

La zona sombreada en gris corresponde a la información del plano del AHAB

Aquel punto debió ser muy transitado, ya que en el mismo año de su construcción, Gerardo Utthoff presenta una queja al Ayuntamiento de St. Martí por el estacionamiento de carros en la entrada de la cochera, impidiendo la realización de maniobras de los tranvías y el acceso a la misma indicando que la construcción fue muy rápida y además ya existían problemas de aparcamiento. Hay que tener en cuenta, que la calle Mayor del Taulat era una de las carreteras de acceso a la ciudad.

Esta cochera, según una información del libro "Sant Martí pulmó industrial de Barcelona", tenía una superficie de 30.000 palmos catalanes con capacidad para 9 coches y 57 animales.  Hemos planteado con los pocos datos disponibles una hipótesis de distribución en planta de los mismos, y con cierta dificultad podrían caber suponiendo que en una entreplanta pudiera guardarse la paja para el lecho de los animales y el forraje para su alimento y suponiendo además, que un buen trabajo de limpieza y recogida del estiércol evitara su acumulación, pues no sobraba espacio.

La existencia de esta cochera permitiría en 1890 que la línea se disgregase de la red con su peculiar cambio de ancho de vía a 1 metro, de hecho en el documento antes mencionado, las vías estaban dibujadas con tercer carril.


La estación de Taulat sirvió durante toda la existencia de la tracción animal de la línea del Poble Nou, pero al electrificarse en 1899 perdió su razón de ser.


Desconocemos la función que tuvo desde entonces hasta 1926, en esta fecha fue enajenada y en su solar se construyeron dos edificios. El mayor de ellos, que tiene tres plantas, dispone en lo alto de un friso con la fecha de construcción de 1926 y curiosamente en uno de los locales, el pasado mes de octubre que pare para ver el edificio, había un microbús guardado como si el edificio, quisiera volver a su antigua y ya olvidada función.
 
 
 
 
 
 
 
 

Continuación de esta entrada:
En 2023, tras encontrar en la web del Arxiu Històric Administratiu de Barcelona un expediente con algunos planos de esta instalación, decidimos hacer una nueva entrada de esta cochera, incluyendo nuevos planos para complementar y mejorar lo que habíamos realizado a partir de informaciones muy reducidas.
Pueden acceder a esta ampliación en:



domingo, 23 de enero de 2011

Tracción animal en las minas.

Una de las más bellas montañas de Catalunya es el Pedraforca. Su nombre ya tiene algo de misterioso, de maldito; proviene de su forma, es una gran mole que esta rematada por dos picos como si de cuernos se tratara.
Si a ello sumamos lo agreste y solitario de la zona y su difícil ascenso no es de extrañar que proliferarán leyendas en torno a ella, quizás la más popular es la de los aquelarres que celebraban brujas y espíritus en la enforcadura, (en medio de sus dos picos),la noche de San Silvestre.
En mi juventud de excursionista esta era una de las metas más anheladas, que además sumando la dificultad de acceso para llegar a su base, no había transporte publico para llegar a Saldes, y no disponíamos de vehículo privado, hacia aún mas legendario el acceder a su cima.
El año 1976 mi hermano mayor y yo hicimos un primer intento de coronar la montaña.
He de reconocer que no íbamos bien preparados ya que ninguno de los dos conocía el camino y entonces no estaba tan bien señalizado como hoy. Pero con entusiasmo, y una mapa de Alpina nos disponíamos a realizar nuestra proeza.
La meteorología fue adversa y el domingo amaneció lluvioso, por lo que hubimos de desistir y nos dedicamos a explorar las cercanías de Saldes.
En la parte inferior del pequeño pueblo había una bocamina, Carbones Pedraforca tenía entonces allí una mina que explotaba con un anticuado equipo de vagonetas de caja de madera tiradas por mulas.
Desgraciadamente, en aquella época en mi afición, primaban las locomotoras y los vagones a aquel tipo de tracción. Estaba ante una de las últimas explotaciones ferroviarias a tracción animal y no le di la importancia que tenia, ni siquiera hice fotografiás.
La visita evidentemente en la zona exterior se limito a ver los raíles y vagonetas que allí habían y no se me ocurrió entrar en las cuadras de las mulas, solo vi. las que estaban amarradas a algunas vagonetas esperando turno de entrar al tajo.
Lo que si me quedo grabado es que a las mulas les tapaban totalmente los ojos y la explicación que entonces me dieron los mineros me choco, se trataba de evitar que a salida de la mina la luz las cegara y quedarán definitivamente sin vista. Años después con un grupo de amigos accedimos nuevamente a Saldes y aquella vez si coronamos la montaña, por la vía del "Verdet".,pero al preguntar por la mina, la respuesta fue que ya hacia algún tiempo había sido clausurada.
La minería ha hecho grandes aportaciones al ferrocarril y los animales a su vez han sido y aún hoy siguen siendo esforzados trabajadores de la minería. por lo que merecen un puesto aún no suficientemente reconocido en la historia de esta industria.
Una excepción es la Web: www.lne. donde es hemos encontrado este excelente artículo que retrata este mundo de los animales en la minería
Pobres bestiasEn los orígenes de la minería la extracción del mineral se hacía mediante cestos que acarreaban los propios obreros, casi siempre esclavos.
Cuando se incorporó la rueda al mundo del trabajo, los cestos se transformaron en carretillas y no tardó en aplicarse una rudimentaria tecnología con tablas alineadas y niveladas que permitió su desplazamiento a la manera de las vagonetas. Luego, el hierro trajo los raíles metálicos y el perfeccionamiento de las ruedas, pero la fuerza del arrastre siempre partía del músculo y la sangre. Así se aplicaron a este fin bueyes, caballos, mulas... e incluso adolescentes y niños de edades que hoy nos sobrecogen, pero éstos merecen un capítulo aparte. Refiriéndonos sólo a los animales, los que más huella dejaron fueron las mulas. Híbridos estériles nacidos del cruce entre caballos y asnos y que conjugan las virtudes de ambos. Su vigor, la fortaleza de sus patas y unas pezuñas especialmente adaptadas para agarrarse al terreno hacen que se consideren especialmente dotadas para las labores de esfuerzo; además resisten bien las enfermedades y las picaduras de toda clase de bichos incluso en condiciones extremas.
Las primeras que se emplearon en la minas asturianas llegaron de Castilla, Andalucía y La Mancha y pertenecían a ganaderos mayoristas que las alquilaban a las empresas, hasta que para abaratar los costes éstas decidieron su compra. Quienes trabajaron con ellas recuerdan que su carácter era tan diferente como el de las personas, las había dóciles y obedientes hasta la extenuación y también rebeldes e intratables, e incluso tan inteligentes que eran capaces de contar el número de topetazos de las vagonetas que se les enganchaban, antes de decidirse a tirar de ellas, pero al final todas acabaron prestando grandes servicios a la minería y mientras se podían sostener erguidas fueron sometidas a un trabajo durísimo y sin descansos.

A principios del siglo XX aún se preferían los bueyes, que trabajaban en el exterior arrastrando la madera desde el lugar de la tala hasta los depósitos o las minas y en la mayoría de las trincheras también formaban parte del paisaje habitual, atendidos casi siempre por mujeres. Se aparejaban con collarones y si el camino lo permitía había parejas que eran capaces de desplazar carros de hasta 1.400 kilos; pero cuando llegó la I Guerra Mundial la demanda de carbón se multiplicó y la producción tuvo que acelerarse, de manera que los bueyes fueron dejando paso poco a poco a las mulas, que eran igual de fuertes, necesitaban menos cuidados y además podían bajarse hasta las galerías.
Para comprender la existencia infernal que llevaban estos pobres cuadrúpedos baste recordar que algunas descendían a las minas cuando eran muy jóvenes y sólo volvían a la superficie cuando habían muerto, después de haber perdido la vista a causa de la oscuridad permanente y con la piel encallecida por los latigazos que las reventaban para que sumasen un turno tras otro.
Aún hoy, en muchas explotaciones de la Sudamérica profunda donde el progreso se detuvo en los despachos de los dictadores de los años 70, las mulas siguen acarreando el mineral y constituyen uno de los bienes más preciados de los pequeños empresarios mineros, de manera que los trabajos tradicionales y específicos que deben acompañar a cada atajo de animales aún se desarrollan con normalidad y pueden verse arrieros; caponeros, que son quienes encabezan cada reata; sabaneros, que alimentan a los animales, y atajadores, que se encargan del sustento y los utensilios de los arrieros.
En las Cuencas también recordamos a estos últimos, y a los cuadreros, encargados del mantenimiento de los establos, donde las más afortunadas recibían su alimento y eran limpiadas, cepilladas y trasquiladas cuando tocaba, pero, por supuesto, los oficios más populares que podemos relacionar con esta actividad y que todos conocemos son los caballistas y los trenistas, que aún mantienen este nombre, aunque los animales hayan desaparecido de los tajos.

Es verdad que las mulas eran el vivo ejemplo de la tozudez y en este sentido se cuentan mil anécdotas, pero también fueron el mejor símbolo de la resistencia física. En otras regiones españolas que viven de la agricultura se usaban (y aún se usan a veces) para tareas de fuerza, en el transporte de cargas pesadas, para arar los campos o a la hora de sacar agua de los pozos mediante una noria -una de sus estampas más típicas-, aunque cada vez quedan menos porque sus labores ya las realiza la nueva tecnología.

La mitología minera recoge las hazañas de algunos de estos animales guardando incluso sus nombres, por ejemplo se dice que en la mina de El Xagarín de Quirós -un lugar castigado por la tragedia- había dos machos, el «Toro» y el «Bonito», que eran capaces de tirar por veinte vagones cuando lo normal eran ocho, y en el Nalón, Albino Suárez, cronista y poeta de la mina, ha escrito que en una ocasión una mula conocida por su extraordinario tamaño y capacidad de trabajo, llamada la «Muralla», fue capaz de arrastrar 45 vagones desde La Fragua al plano en La Amada.

En la década de los cincuenta las acémilas empezaron a desaparecer sustituidas por las máquinas eléctricas y las locomotoras de combustión interna, casi al mismo tiempo en que llegaron los martillos modernos para facilitar la labor de los picadores y las primeras medidas de seguridad empezaron a implantarse en los tajos. De modo que actualmente es casi imposible encontrar por las Cuencas alguno de estos animales, pero han sido un capítulo destacado de nuestra historia y la huella de sus miserias va a permanecer para siempre en el folclore minero.

Seguramente han oído muchas veces «La mula torda» popularizada por «Nuberu», pues permítanme cerrar con una estrofa a modo de pequeño homenaje para aquellas pobres y queridas bestias. La música la ponen ustedes:

«... Mas un día yo vi bien
que la mula nun tiraba
y entruguei a la mio mula
que si nun-y daben cebada.
Y respondióme la mula
con llárimes nos sos güeyos:
la cebá ya nun la pruebo
l'alfalfa ya nin la güelo,
Tengo dici-y a mio ma
que espurra más la merienda.
Teo una mulina torda
quiero repartir con ella».

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1631_38_518422__cuencas-Pobres-bestias

domingo, 16 de enero de 2011

TRACCION POR GRAVEDAD 1ª parte


Desde los antiguos canales fluviales, la fuerza de gravedad ha sido siempre un importante factor en el transporte,La mayoría de los grandes transportes se hicieron aprovechando las corrientes de los ríos, así los “raiers” (almadieros), descendían por los Nogueras y el Segre hasta el mar los troncos que servirían para construcciones.
En Gran Bretaña, el carbón y el hierro descendían desde las minas en lo alto de las cuencas hasta las ciudades situadas río abajo. El retorno con las barcazas vacías, sería mucho mas llevadero para los animales que hacían la sirga.Mas tarde los primeros trams aprovecharían, las pendientes para esta misma función de modo que las vagonetas descenderían cargadas y simplemente controlando la velocidad con el freno mientras que en su ascenso un solo animal sería capaz de arrastrar varias vagonetas vacías.

En Catalunya este método fue usado en la zona del Bergueda en numerosos pequeños ferrocarriles mineros y forestales, perdurado de algún modo hasta nuestros días, en las líneas de transporte de potasas delos Ferrocarriles Catalanes (FGC), donde una sola locomotora controla larguísimos trenes de sal desde las minas al puerto. El trabajo de la locomotora es controlar la marcha del tren en descenso y arrastrar los vagones vacíos en ascenso.
En tranvías de pasajeros este sistema fue usado en algunas ocasiones, se da el caso que en la primitiva línea del tranvía de Horta- Sagrera, se hizo servir este tipo de tracción de forma ocasional como complemento a la tracción a vapor o animal. Aquí el resultado no fue bueno pues tenemos constancia de un accidente grave por mal control del freno.
Video de Tokeno con las fotografías de Cherrelyn que hemos podido conseguir.
Posiblemente la línea de gravedad más famosa por la particularidad de que el animal tractor viajaba en el coche, sería el tranvía de Cerrelyn en Denver:
El primer servicio de transporte de Denver se realizo con tranvías de tracción animal, en 1871. Su ruta inicial era de unos tres kilómetros a través de la Séptima avenida , desde Larimer hasta Champa. El éxito de esta primera línea fue tal, que en 1884 contaba con varías líneas, cuarenta y cinco tranvías, dos centenares de caballos, y más de cien empleados.
La línea más popular de Denver fue la Cerrelyn. En 1883 la Southside Investment Company, construyo en Denver la línea Cherrelyn para comunicar la ciudad con una pequeña comunidad comercial así de denominada. Esta pequeña línea operaba con un único coche tirado por un animal. El rocín, tiraría del vehículo en un tramo de casi dos kilómetros y medio entre Hampden y la colina de Broadway.


El punto final era la zona comercial de Cherrelyn, donde el caballo era desenganchado y subido a la plataforma posterior del coche. Aprovechando la fuerza de gravedad, caballo y pasajeros hacían el viaje de regreso al punto de partida. Así si el viaje de ascenso a la colina duraba quince minutos, descendía en sólo tres. La tarifa era de cinco centavos en 1883.El tranvía de Cherrelyn se convirtió en una de las atracciones más populares en Englewood.

Su regreso fue tema favorito de las cámaras, así lo documentan numerosas fotografías.Este quizás fue el motivo de la supervivencia de esta línea hasta 1910 en que sus propietarios decidieron el cierre. Luis F. Liebhart, comerciante de frutas y hortalizas, compró el coche al cierre de la línea y la familia Liebhart lo donó al Rotary Club de Englewood en 1950, que lo instalo en una plataforma en el Parque de la Ciudad de Englewood. Estando actualmente en el vestíbulo del Centro Cívico de dicha ciudad. Desconocemos el destino de los hábiles equidos que durante tanto tiempo hicieron de este tranvía una singularidad.
Traducción resumida de un artículo publicado en elboletín mensual de la Colorado Historical Society's.
Fotografiás mayoritariamente tomadas del arcivo de la Biblioteca del Congreso.


jueves, 6 de enero de 2011

El Buey (de bous i esquelles)

 Hace una semana en el blog de Equibru aparecían los bueyes de Olivier Courtiade trabajando en pareja arrastrando un carro.
El potente y humilde buey ha estado colaborando con el hombre durante miles de años; hoy su hermosa estampa prácticamente ha desaparecido de los caminos.
Aún me queda clara su imagen, cuando en 1973, en un viaje en coche por Galicia, Asturias y Cantabria, era fácil verlos tirar de carros en muchas poblaciones. Hoy me temo que solo es posible verlos en sitios muy recónditos, por lo que me alegré de ver los bueyes de Olivier Courtiade.
Cuando iniciamos rails_i_ferradures, dejamos abierta la opción del buey como animal de tracción en el ferrocarril. Entonces tan solo había visto una bonita foto de Jeremy Wiseman de las salinas de Torrevieja.
Desde entonces no es que haya localizado muchos más tiros de tracción por buey, pero estamos seguros de que los ha habido.
Dado el carácter de este magnífico animal, si bien no creemos que se haya usado en tranvías y transporte de personas, sí estamos seguros de que en minería y transporte de mercancías, que es donde es más importante la potencia que la velocidad, han tenido su papel.
A continuación presentamos algunos de los ferrocarriles donde nuestros amigos bueyes han contribuido a su marcha.
Puerto Rico 
  Las primeras "locomotoras" de Puerto Rico fueron animales. Se usaron bueyes, caballos, mulas y burros. Los ferrocarriles que usaban animales para arrastre se conocían como ferrocarriles de sangre.
 
Se usaron tranvías de sangre en los cañaverales para mover vagones de caña y para mover carros en el área de carga (grúas).  El primer ferrocarril de servicio público operó en el pueblo de Mayagüez y era de sangre. Desde los albores de la industria hasta la década de los años 30, el transporte predominante de la caña se realizó con yuntas de bueyes que halaban carretas con capacidad de carga de 1,5 Tm. La tracción animal era complementada con el uso de mulas que acarreaban la caña cortada desde los lotes hasta las carretas. Toda la carga era manual con caña verde entera. Durante muchos años, las carretas utilizaron ruedas de madera y metálicas; posteriormente se implantaron las vías férreas que harían más llevadero el arrastre de este pesado cargamento.El sistema de transporte de tracción animal finalizaría en la década de los 40 del siglo XX, siendo sustituidos los animales por pequeñas locomotoras diésel.Fotos del Álbum Histórico de Ponce, Luis Fortuño Janeiro, 1963.
Fotografía de Jeremy Wiseman
Torrevieja 
 Como antes hemos indicado, tenemos la referencia de Torrevieja en Alicante, donde en sus importantes salinas en 1954 aún continuaban los bueyes haciendo esta pesada labor.
¿Por qué bueyes en lugar de equinos? Posiblemente porque el buey es un animal potente y de mantenimiento muy económico.
Así, para conducir las pesadas vagonetas de sal sobre raíles a los que la corrosión por sal, tanto sobre ellos como sobre ejes y ruedas de vagonetas, no favorecería el arrastre, sino más bien al contrario, aumentando esta dificultad, y nuestro esforzado y paciente amigo era un excelente candidato para esta labor.
Jeremy Wiseman, que en sus viajes por España en los años 50 y 60 dejó un magnífico testimonio de ferrocarriles y transportes públicos de toda la península, documentando esta tracción en una de sus fotografías que aquí reproducimos  
Salinas de Torrevieja: Vagonetas transportando sal marina tiradas por   bueyes, 1954.
El buey 
Se considera buey al toro castrado después de llegar a la madurez sexual, si bien actualmente al novillo (o ternero castrado de joven) también se le llama de esta manera.
Se les aplica la castración para obtener mejores resultados como animales de tiro y para aumentar la producción de carne, ya que, al no mostrar interés por las hembras de su especie, su fuerza y energía eran aplicadas a otras tareas.
Oleo de Rudolf Johann Koller.
Durante muchos años, los bueyes, aunque jugaron un gran papel en la agricultura, no se les tenía tanta consideración como a un caballo o  un mulo, y se les alimentaba con el forraje que no valía para los équidos.
Si se comparan los bueyes con los mulos, sacamos pros y contras:
Pros:
- Son animales más fuertes que la mayoría de équidos.
- Tienen un paso más seguro.
-No necesitan tanta cantidad de alimento como los caballos, y, al ser rumiantes, les basta con echarles comida una vez al día.
Contras:
—Son mucho más lentos que un caballo o un mulo.
—No son tan limpios como los équidos.

Aparejos:
El yugo es una pieza de madera con dos hendiduras para enganchar un tronco (o yunta) de bueyes.
La manera con la que se engancha el buey al aparejo depende de la forma de este.
Existen diversos tipos de yugos, pero aquí solo mencionaremos los tres más utilizados en España.
Yugo de cabeza (cornal o de coyanda): Es el yugo más sencillo de forma, pero con la manera de enganchar más compleja. Este yugo se une a los cabestros mediante las coyandas (tiras de cuero de unos 4 o 6 m de longitud) que se atan a los cuernos de los animales. La forma de atar las correas es siempre la misma y pocos lo realizan correctamente, ya que debe atarse de tal manera que no se sollen las testas de los mansos.
Yugo con horcates (o de cruz): Es un yugo formado por la pieza de madera con cuatro varillas. Estas varillas están situadas de tal manera que queden encajadas a ambos lados de los cuellos de los animales. Este yugo también era utilizado con mulos y asnos, pero al tener preferencia los équidos sobre las reses, se les añadía una “almohada” hecha con paja de centeno o lana como relleno.
Yugo “de arco”: Este último, del cual desconocemos su nombre y por la forma del enganche hemos nombrado así, no es más que el “de cabeza” aplicado al cuello mediante un arco de madera que se pasaba por la garganta del animal y dejaba el yugo encajado en la nuca.
La herradura bovina (o callo): El callo es una plancha de metal con la forma de la uña de la res. Al tener dos uñas en cada pezuña, se necesitaban dos por cada pata, pero  pero generalmente, solo se herraba la uña exterior, a no ser que trabajaran en terrenos malos para el desgaste de estas.
Las hay de dos tipos, vizcaínas y castellanas.
La diferencia entre ellas es una lengüeta que en el callo vizcaíno abraza la uña por fuera para sujetarla bien, mientras que en el castellano la herradura es plana, sin lengüeta.

Escrito por ferradures enero 2011

viernes, 31 de diciembre de 2010

El rail de Loubat

 
 

 Loubat, concibió un raíl con una ranura en la cabeza para alojar la pestaña de guía de la rueda, esto permitiría tener el raíl completamente plano y al mismo nivel de la calzada y evitando que los adoquines o el macadam cegaran el paso de esta pestaña. Se empleó por primera vez en el Tranvía de Broadway en 1853 y contribuyó al éxito de este medio de transporte que había fracasado en su primer intento de 1832 a causa de que la vía al sobresalir del pavimento se convirtió en un obstáculo al resto de tráfico urbano.

Al regresar de Estados Unidos a París, el Sr. Loubat trajo su sistema ligeramente modificado, y con él estableció una línea de tranvía en París, de la Plaza de la Concorde a Passy, siendo el primer tranvía construido en Francia.
Tenía un ancho de vía de 1,54 m. El raíl tenía una anchura total de 75 mm con una garganta de 32 mm de ancho y 28 de profundidad, su parte inferior era acanalada de forma semi-hexagonal para poder asentarse sobre el larguero o durmiente de madera tallada al que se fijaba mediante clavijas que atravesando los lados del raíl en diagonal a través de unos orificios laterales, se clavaban en el durmiente. . Su peso era de 9 kilos por metro.

Los raíles se unían mediante unas bridas de hierro, a largo 10 cm, y un grueso 1 cm.
Los durmientes de madera median 10 cm de ancho por 15 de altura, estaban fijados sobre traviesas de 10 x10 cm colocadas cada dos metros y fijadas por medio de cuñas de madera.


La experiencia demostraría que las clavijas eran insuficientes como un medio de fijación, estas se partían o aflojaban por efecto o falta de una buena fijación del raíl sobre el durmiente y con efecto del paso de los coches sobre ellos se producían un efecto de palanca.

El raíl de Loubat fue empleado por la "Compagnie Générale des Omnibus" en las líneas que iban desde la Place de la Concorde y de Boulogne a Sèvres.

Estos raíles evolucionarían y una empresa de Sèvres construiría los rieles del tranvía para la línea de Versalles. Con un peso de 16 kilos por metro y huecos en su superficie inferior, con el fin de ahorrar material.

Según Goschler, estos carriles, tuvieron una corta vida, no llegando a 10 años, y tras este período, el desgaste de las bandas de rodadura era tal que las pestañas de las ruedas de los coches rodaban sobre el fondo de las gargantas con la consiguiente deformación de las ruedas. Para reponer estos raíles se empleó otros de sección mayor, con uno de peso 23 kilos por metro y calculados para durar 20 años.

De forma similar a la "Compagnie Générale des Omnibus" , los Tranvías del Norte, en su línea entre el Arco del Triunfo y la Plaza del Trono, usaría un raíl más reforzado de 100 mm de ancho por 52 de alto, y una ranura más profunda, de 32 mm. El raíl se montaba sobre un larguero de madera, al igual que su predecesor, pero usaba tornillos de cabeza avellanada que se atornillaban en el durmiente a través de orificios sitos en el fondo la garganta del raíl.

Los raíles tenían una longitud de seis metros y se fijaban mediante bridas o eclisas colocadas en la parte inferior de los mismos.

Pronto se descubrió que las traviesas no eran necesarias, y se prescindirá de ellas siendo reemplazadas por unos tirantes separadores formados por barras de hierro, No obstante, tras un tiempo también se sustituirían estas barras.


Al trazar las vías en caminos pavimentados con macadam, ocurría que los demás carruajes al tener el hábito de usar los raíles para desplazarse, producían un desgaste importante junto a los raíles y en el centro de la vía, llegando a dejar estos tirantes a la vista de modo que se convertían en un obstáculo para el paso de los animales y, por tanto, implicaba un gasto continuado en el mantenimiento y renovación del piso.
Para mejorar esta situación se decidió realizar una franja adoquinada de 25 cm a cada lado de los raíles con lo que se evitaría la erosión a ambos lados y al mismo tiempo se reforzaría el firme que solo sería desgastado por el paso de los jamelgos.
Así mismo, la "Compagnie Générale des Omnibus" decidió sustituir el Macadam en toda la plataforma de la vía e incluso llego a pavimentar con adoquines todo el ancho de las calles donde discurrían sus líneas en el interior de la ciudad.
Aunque el ancho inicial de la primera línea que trazo Loubat era de 1,54 metros, las líneas que se construirían a continuación serían de ancho estándar. A esto contribuyo la idea de los promotores de estos nuevos tranvías, de usar sus vías como líneas de enlace entre los diversos ferrocarriles de París, y hacer circular por ellas los vagones de mercancías entre las diferentes estaciones.

Estas pretensiones no llegarían a materializarse, pero, en cambio, este hecho definiría el ancho de vía de aquella red.

En Catalunya, la primera noticia que tenemos de empleo del raíl Loubat está en el primer proyecto del tram-vía de Mollet a Caldes, que originalmente se proyectaría para tracción animal y tal como finalmente si sucedió, circularía por la carretera de Caldes. Este proyecto finalmente vería la Luz con raíl vignole y tracción a vapor.

Al instalar el primer tranvía en Barcelona, la "Barcelona Tramways Ltd", usaría el raíl Loubat, por lo tanto, lo que se introdujo en dicho proyecto lo asumió el ayuntamiento como ley e introdujo en las primeras ordenanzas de construcción de tranvías, la obligatoriedad de usar este tipo de raíl y el ancho estándar (1,435).

En el tranvía industrial de los docks, fue la primera ordenanza que obligo a su uso impidiendo, por un lado, poder conectarse con los ferrocarriles (por estar legislado el ancho estándar en los tranvías de Barcelona), por otro lado, al estar el raíl Loubat pensado para tráfico de vehículos ligeros, a la larga el paso por la vía de los docks de mercancías pesadas produciría un rápido deterioro de la vía.

El empleo de tracción a vapor y neumática en los tranvías, el peso de los vehículos se incrementaría considerablemente. Esto obligaría a los técnicos a buscar nuevas soluciones, diversificándose en muchísimas variantes.

Los clasificaremos en cuatro tipos:

1- Raíl de doble alma; el raíl Loubat prolonga las pestañas laterales, creando con ellas unos largos nervios que reforzarían la vía en sentido vertical. El resultado final de esta evolución resultaría el raíl Demerve que en Barcelona emplearían la compañía del tranvía de Sans y el proyecto del tranvía de Casa Antúnez.  

2-El raíl de "girder" o de garganta, también conocido como Phoenix. En este caso se sustituiría el larguero de madera por una vigueta de hierro que finalmente constituiría un cuerpo único. Este raíl sería desarrollado en Francia por Broca y en EE. UU., por Phoenix.

En Barcelona hubo gran confusión y al principio se le denominó vignole, por su similitud a dicho raíl, que se empleaba en los tranvías interurbanos como el de San Andrés, por establecerlo así las leyes estatales de tranvías en carreteras estatales y provinciales.

La Sociedad Catalana de Tranvías (línea de Circunvalación) emplearía el Raíl Broca en la renovación de sus vías en los años 1890, el tipo de raíl era de lóbulos simétricos.

El raíl Girder o Phoenix sería finalmente el que se emplearía en toda la red y que se ha mantenido con sus diversas evoluciones hasta hoy, empleándose en los actuales tranvías.


3- Raíl Filadelfia o Step. Con forma de escalón, fue uno de los tipos de rail más antiguos, que pronto se generalizaría en la mayoría de ciudades americanas, sobre todo por la facilidad de mantenimiento de la vía en calles que en su mayoría no estaban pavimentadas o adoquinadas.

                                   

El raíl Step, que en principio como su originario era un perfil a montar sobre un larguero de madera, también evolucionaría, con la dotación de un nervio y una base inferior, resultando una forma muy similar al Phoenix pero sin contra raíl. Fue el usado por Train en sus líneas de Inglaterra y de alguna forma contribuyo a los problemas que tuvo con los ómnibus.
En Barcelona, la "Barcelona Tramways ltd", lo propuso para sus prolongaciones de la Barceloneta y Pueblo Nuevo, pero dado que ya se había legislado el raíl Loubat en las ordenanzas, no pudo instalarlo. 

4-También se desarrollaron muy diversos sistemas basados en colocación de barras o raíles sobre cojinetes o soportes de fundición de hierro. Este campo es de gran amplitud y los dejaremos para desarrollar en un futuro. No tenemos constancia de instalaciones ni proyectos con estos tipos de raíl en Barcelona, lo que no quiere decir que no los hubiere.


Finalmente, y como colofón, indicaremos que la Compañía fundición barcelonesa Herrería de nuestra Señora del Remedio, laminaría en 1874 sus primeros raíles para el tranvía de Sants.

Estos probablemente tendrían estas secciones. (Copiadas de los planos de diversos expedientes de concesiones tranviarias barcelonesas).




sábado, 25 de diciembre de 2010

De Stockton a Darlington con tracción animal

   



Hace algunos años en el Mercado de libros de ocasión de San Antonio de Barcelona, encontré un antiguo volumen encuadernado en rústica que compré entonces como una curiosidad, ya que en aquel momento no me apetecía leerlo.
Años más tarde, al encontrarlo y leerlo de forma arbitraria, me cautivo por su excelente estilo y porque era una fantástica historia del nacimiento del ferrocarril moderno de la que he podido sacar interesantes informaciones.
Hoy nos complacemos de publicar un fragmento de este querido libro que hace referencia al nacimiento del transporte de viajeros por ferrocarril. En él vemos que nuestros amigos equinos, también contribuyeron en el nacimiento no solo de este tipo de transporte, sino de una nueva concepción de la forma de desplazarse y comunicarse.
Esperamos que disfruten tanto de su lectura como nosotros.


VIDA DE GEORGE STEPHENSON
por Samuel Smiles
CAPÍTULO VIII (fragmento)…

El éxito acompañaba, la línea de Stockton a Darlington -señalaría el principio de una. nueva era, El éxito acompañaba, la línea de Stockton a Darlington, señalaría el principio de una  nueva era, viniendo a efectuar, sencillamen­te, una completa revolución en los medios de comuni­carse en todos los pueblos civilizados. Las circunstancias podrían considerarse, en su totalidad, como favorables, y más anunciaban el triunfo que la derrota. Hombres prudentes, razonables y reflexivos, figuraban al frente del negocio, interesados en ver que se administraba económica y eficazmente, teniendo, por otra parte, la ventaja de contar con el concurso de un ingeniero dotado de grandes recursos, buen sentido, genio mecánico y clara inteligencia. La cantidad de carbón que había de ser transportada puede decirse que era casi ilimitada, encontrándose la mayor dificultad en hallar un medio satisfactorio de acomodarla. 
No obstante, hasta después de haber estado la línea en explotación durante algún tiempo, no se empezó a apreciar, en toda su magnitud, el importante carácter de este tráfico.
 Al principio, se creyó que el principal movimiento procedería del transporte de carbón para el interior; pero la cláusula incluida en el primitivo proyecto, a instancia del señor Lanbton, por la cual, la Compañía se veía reducida a no  cargar más que medio penique por tonelada y milla, por el carbón que llevara a Stockton para embarque, condujo a las deduccio­nes más inesperada.

 

Se había calculado que solo, se embarcarían unas diez mil toneladas al año, y esto especialmente, en calidad de lastre; en lugar de lo cual, en el transcurso de muy pocos años, el carbón transportado por la línea, para la exportación, constituía la base del tráfico, mientras que el destinado al interior era relativamente insignificante. Las esperanzas de la Compañía, respecto al tráfico de pasaje, traspasaron asimismo los límites de lo que se esperaba. Al principio, no se pensó en nada de esto, y solo cuando el mo­vimiento progresaba, fue cuando se trató formalmente de agregar a los trenes, un coche de pasaje. Hace ochenta años, solo había una silla de Postas en Darlington, que corría montada sobre tres ruedas. Todavía hay testigos presenciales en Stockton, que recuerdan el tiempo en que el carruaje salía de esta población tres días a la semana pasando por Darlington y Bardnard Castle, el cual tuvo que interrumpir su marcha por falta de pasaje; tal era entonces lo reducido del movimiento entre ambas poblaciones a pesar de encontrarse tan próximas y ser, relativamente, muy populosas y si a esto se agregaba la prevención que pudiera tener contra el ferrocarril, bien puede añadirse que no había motivo para confiar en que prosperase.  
Decidiéndose, sin embargo, hacer la prueba con un coche, autorizándose a George Stephenson para que lo hiciera construir en Newcastle por cuenta de la Compañía.
Así se efectuó, y el primer coche de pasaje se construyó según los dibujos de nuestro ingeniero.
 La obra, no obstante, resultó modesta, estando todavía bien distante de lo que debería ser un coche dedicado a tal objeto: en su interior había a cada lado una hilera de asientos, hallándose en el centro una larga mesa de pino, y teniendo la entrada en la parte posterior lo mismo que en los ómnibus. Este coche llegó a Newcastle la víspera de la inauguración y formó parte del convoy mencionado.
Consultado Stephenson respecto al nombre que debería darse al carruaje, contestó enseguida que el de «Experimento», cosa que inmediatamente se efectuó.
­Tal era todo el material destinado al pasaje de la Compañía Stockton a Darlington en el año 1825
El "Experimento" fue, no obstante, el precursor de un importante tráfico, siendo seguido poco después por coches más perfectos (aunque todavía tirados por caballos) y más adelante tirados por largos trenes destinados exclusivamente al pasaje y arrastrados por locomotoras.
El «Experimento» principió a funcionar como coche de pasaje el 10 de octubre de 1825, o sea, 15 días después de la inauguración de la línea.
Iba tirado por un solo caballo y hacía un viaje diario de ida y vuelta entre las dos poblaciones separadas por una distancia de 12 millas, que recorría en dos horas.
El precio del pasaje era un chelín, sin distinción de clases, permitiéndose a cada pasajero unas catorce libras de peso de equipaje sin gasto alguno adicional. Este carruaje no fue directamente explotado por la Compañía, sino arrendado a contratistas que se encargaron de hacerlo en determinadas condiciones.


Esta especulación dio tan buenos resultados que, con el mismo objeto, no tardaron en formarse otras compañías, en las que figuraban posaderos de ambas poblacio­nes, lo que dio lugar a una activa competencia en el tráfico de pasaje. Como se observó que el «Experimento» tenía demasiado peso para ser tirado por un caballo, siendo, además, bastante incómodo, fue relegado al distrito minero, y reemplazado por otros vehículos mejores, los cuales no eran más que antiguos carruajes comprados por la Compañía y montados en un juego de ruedas a propósito para la tracción ferroviaria. 
Estos se arrendaban a las compañías de coches, de cuya cuenta co­rría proveerlos de caballos y administrarlos, según lo convenido y de igual modo que se había hecho con el «Experimento».  Aquí comenzó la distinción de pasajeros, internos y externos, equivalente a la que existe entre la primera y segunda clase, cuyos precios son distintos. La competencia entre unos y otros, en la vía férrea y con las diligencias ordinarias en la carretera, en breve hicieron aumentar la velocidad, que se elevó a diez millas por hora, que era el máximo de la marcha de los coches correos y era considerada como muy rápida. El señor Clephan, natural del distrito, ha comunicado al autor lo siguiente, referente a la competencia que en­tonces se hacían las compañías de coches rivales.  Había dos compañías diferentes, de coches, en Stockton,­ ocurriendo, a veces, curiosas luchas entre los conduc­tores, quienes hallaron en el raíl un nuevo elemento para aguzar la competencia. Sabido es que los carruajes no pueden adelantarse unos a otros, marchando sobre los raíles, como por la carretera, y como la línea era de una sola vía, con cuatro recodos de precaución, cada milla, para facilitar  el paso de los carruajes o dos trenes que se encontraran, surgió la cuestión de cuál de los dos había de retroceder, lo que no se arreglaba siempre de un modo pacífico. En cuanto a los trenes, vino a ser cosa convenida que los vacíos cedieran el paso a los cargados, y respecto a trenes y carruajes, que los pasajeros fueran preferidos al carbón, dejando que los carruajes, al encontrarse, se arreglaran como mejor pudieran.

Por último, para orillar dificultades a la mediación entre un recodo y otro, se levantó un poste, disponiéndose a que el que le hubiera pasado debería seguir adelante, mientras que al otro le correspondía retroceder. 
En los paradores de Goose Pool y Early Nook solían de­tenerse los carruajes y allí, pasajeros y conductores echaban una copa. 
Uno de los vehículos introducidos por uno de los referidos hosteleros, era una combina­ción de dos carruajes corrientes, acercándose al verdadero tipo ferroviario que aún se adhiere,  con excepciones  cada vez más numerosas al de la diligencia. 
Un tal Dixon, que hacía de conductor en el «Experimento», entre Darlington y Stockton, es el primero que tuvo la idea del alumbrado de los carruajes en la vía férrea. En una obscura noche de invierno, compadeciéndose de los pasajeros, compró una bujía por un penique y la colocó encendida sobre la mesa del «Experimento», cosa que repitió después, siendo, por  tanto, el primer carruaje ferroviario, que evitó a los pasajeros el estar en la oscuridad.
El tráfico de todo género aumentaba tan constante y rápidamente, que resultaba difícil que se efectuara satisfactoriamente. Según la primera ley referente al ferro­carril de Stockton y Darlington, se advertía que la línea, quedara libre para todo el que quisiera usarla, abonando los derechos convenidos, pudiendo, cada cual, poner vagones y caballos en la vía, conduciéndolos por su cuenta.

Pero, esta disposición propendía a aumentar la confusión y las dificultades, siendo incompatible con un creciente e importante tráfico. Los trenes de mercancías llegaron a ser tan largos, que los conductores hallaron necesario pedir la ayuda de la locomotora para poder continuar su camino. Entonces, fue cuando empezaron a circular trenes mixtos de pasajeros y mercancías; resul­tando de ahí que la compañía ferroviaria se vio obligada a hacerse cargo por completo, y de una vez, del tráfico.
Andando el tiempo, se construyeron nuevos coches para acomodar mejor al público, hasta que, por últi­mo, trenes de pasaje circularon regularmente arrastrados por locomotoras, si bien esto no se llevó a cabo hasta que la Compañía de Liverpool y Manchester llegó a establecerlo como rama importante del tráfico.

Las tres locomotoras Stephenson fueron, desde el principio, empleadas con regularidad en el arrastre de los trenes de carbón y lo bien que llenaron su objeto originó el aumento gradual de su potencia. La rapidez de la marcha de esta, máquina, por lenta que hoy pa­rezca, fue, en aquella época, considerada poco menos que como maravillosa. Habiéndose efectuado una carrera en competencia entre la máquina número 1 y uno de los coches diligencia que hacían el trayecto de Darlington a Stockton por la carretera, se consideró como un gran triunfo del arte mecánico, que la locomotora llegara primero aventajando a su competidor en unas cien yardas. 
La misma máquina seguía trabajando, en buen estado, en 1846, en cuya época fue a la cabeza del convoy ferroviario, celebrado con motivo de la inauguración del ferrocarril de Middlesborough y Redcar, caminando a razón de catorce millas por hora. Esta máquina, la primera que arrastró un ferrocarril público, ha sido después colocada, sobre un pedestal, frente a la estación de Darlington.  

No obstante, por espacio de algunos años, el principal arrastre de la línea fue efectuado por tracción animal. Estando la inclinación de los planos en dirección al mar, esta era, quizás, la más económica mientras el tráfico no pasara de un límite. 
El caballo tiraba del tren, a lo largo del camino nivelado, hasta llegar al plano descendente, por el cual corría el tren, impulsado por su pro­pia gravedad, por cuya razón se desenganchaba el caballo, que pasaba al otro extremo del tren, y una vez allí, se le hacía subir a un carro destinado al efecto y cuyo fondo se hallaba a poca altura del suelo, en el cual se le tenía preparado siempre un pienso abundante.
Los detalles de la explotación fueron, gradualmente, perfeccionándose con la práctica; no teniendo, en un principio, los que concibieron el proyecto y construye­ron la línea, apenas conciencia de la importancia y significación de la obra que habían emprendido, ni pudieron pensar que echaban los cimientos de un sistema llamado a revolucionar las  comunicaciones internacio­nales, convirtiéndose en fuente de prosperidad para el género humano. 
Conviene tener en cuenta que el resultado comercial de la empresa fue considerado como satisfactorio desde el primer momento. Además de originar un gran beneficio público a los habitantes del distrito; contribuyendo a abrir nuevos mercados a los depósitos casi inagotables de carbón que se descubrieron en él de Bishop Auckland, las utilidades derivadas del tráfico creado, por el ferrocarril permitían, que se pagaran dividendos más crecidos a aquellos que habían arriesgado sus capitales en la empresa, sirviendo así de estímulo a los que pensaran en proyectos análogos.

......

Samuel Smiles fue coetáneo de Stephenson, llegando  a conocerlo. Publicó su biografía en 1857, casi 10 años después de su muerte (1848), por lo cual las historias y relatos del libro corresponden a una memoria muy reciente y, por tanto, muy fidedignos.
Por otra parte, este libro fue para nosotros el descubrimiento del gran filántropo, que fue Smiles, que con su obra pretendió dignificar a las clases populares, imbuyéndolas en una cultura de esfuerzo y autosuperación.